Se acabó el sexenio
El PRI dinamitó los puentes del entendimiento con los fraudes electorales en Coahuila y en el Estado de México.
A Iván Fandiño, matador de toros, QEPD.*
Los partidos de oposición le brindaron al actual gobierno federal su apoyo para que comenzara el sexenio con acuerdos sobre las reformas que el propio PRI había rechazado cuando era oposición.
En el pasado se les reclamó al gobierno federal y al PAN —cuando era el partido en el gobierno— las condiciones propicias para sentar a la mesa del diálogo a los dirigentes partidistas interlocutores para dialogar.
En aquel entonces, incluso no sin dificultades al interior del gobierno y del propio partido, se hicieron enormes esfuerzos para construir esas condiciones que se demandaban como respeto mínimo y, no obstante ello, a pesar incluso de los acuerdos que un día se construían, las dirigencias partidistas de uno u otro partido terminaban por desconocerlos o arrojarlos por la borda con las diferentes acciones.
A un año de las próximas elecciones presidenciales, se destruyen los puentes de entendimiento para concluir un sexenio que pudo caracterizarse por las grandes reformas constitucionales y legales que requería el país, así como la instrumentación con todo el respaldo social y político necesario para el éxito de las mismas.
Se requería actuar con sentido de responsabilidad frente a la nación y visión de Estado, respetando no sólo las reglas formales del proceso democrático en las elecciones, sino vigilar y controlar a los operadores políticos que violentaran las condiciones propicias para lograr esa transformación nacional.
No obstante lo anterior, decidieron presentar los rostros de un pasado que se creía superado. Defraudando la confianza y pisoteando el respeto que se debían entre los interlocutores.
Decidieron conservar, mezquinamente, los privilegios y prebendas de grupos políticos que no sólo han robado impunemente el erario, sino que, además, continúan socavando la confianza en un sistema electoral que le ha costado millones de pesos a un país caracterizado por la desigualdad social y la pobreza.
Nadie les cree que tengan la intención de combatir las bases de la corrupción en las cuales se erigen los pilares de sus apoyos políticos en las diferentes regiones del país.
Quienes demandan las pruebas de la descalificación que se hacen de los procesos electorales parecen perder de vista que, parafraseando a Heberto Castillo, se les acusa de corruptos, rateros y defraudadores, no de tontos.
Han ganado las elecciones una vez más, pero, una vez más, perderán el juicio de la historia, que los ha condenado como un régimen carente de legitimidad, por más que pretendan edificar una democracia formal.
Una vez más, el legado del presente sexenio a las próximas generaciones será la continuidad de una cultura de la corrupción, en el que se negocia la ilegalidad a cambio de la impunidad; el fraude electoral, en el que lo importante es ganar las elecciones a como dé lugar, sin importar que el gobernante sea más corrupto, ratero o ineficaz que el anterior, pues, con independencia de ello, se mantendrán las canonjías y la protección de la corrupción y la delincuencia en casi todos los niveles y regiones.
En tanto la oposición continúe fragmentada, derrumbando sus propias posibilidades de transformar al país y de cambiar las reglas de convivencia política, las condiciones serán propicias no sólo para continuar padeciendo lo que actualmente vivimos, sino para profundizar cada vez más las crisis actuales.
Se están vaciando de contenido los referentes más importantes, tales como país, nación, familia, amistad, democracia, justicia, confianza y esperanza.
Es casi imposible que en los próximos meses se logren pactar las reformas pendientes sin que el acuerdo de las mismas trascienda el proceso electoral de 2018.
Quien haya tomado la decisión o haya omitido cumplir con su función deberá hacerse responsable de las consecuencias de que nuestro país continúe acercándose, peligrosamente, hacia una crisis de magnitudes imprevisibles.
La falta de confianza de la sociedad en el actual gobierno no recaerá en la falta de voluntad de los partidos de oposición para sentarse a la mesa de los acuerdos, sino recaerá en todo el régimen de partidos, posponiendo varias décadas más el desarrollo y el crecimiento que necesitaban nuestros hijos, en perjuicio, ahora, de nuestros nietos.
*El pasado sábado 17 de los presentes falleció en la plaza de toros de Aire-Sur-l’Adour, Francia, Iván Fandiño, matador de toros, vaya para él mi admiración y respeto, y para su familia, mi pésame.
Twitter: @asalinastorre
