Impunidad, huachicoleros y demagogos

Asesinaron a un bebé, violaron a su mamá, 
también a su hermana 
de 14 años y asaltaron a la familia en una autopista de cuota. 

A lo largo y ancho del país se acumulan las brutales historias que, lamentablemente, ya no nos sorprenden y cada vez aumentan nuestros niveles de tolerancia con respecto de ellas, así como capacidad de indignación y condena.

Por un lado, este tipo de conductas cuestiona no sólo la racionalidad humana, sino la sensibilidad, puesto que, incluso, este tipo de conductas no se encuentra ni en los animales.

Pero, por otro lado, no se trata de generar una reacción de la misma naturaleza en la sociedad, como, desafortunadamente, esto es lo que se provoca, sino, precisamente, de reaccionar en forma racional y sensible ante esta situación.

Una vez más, vale recordar que el Estado, la autoridad, prohibió la venganza y las instituciones tienen el deber de asumir la obligación de investigar, perseguir a los culpables y sancionarlos, para demostrarle a la sociedad que las conductas que causan un daño no quedan impunes; sin embargo, eso no sucede en la realidad.

La policía y el Ministerio Público no investigan y, cuando lo hacen, se equivocan, en ocasiones hasta los juzgadores están coludidos con la propia delincuencia. Y si los llegan a condenar… se les fugan de las cárceles. Lamentablemente, a veces hasta la presión mediática juega un papel importante al respecto. Para que todo ello suceda o al menos eso se perciba por la sociedad, existe una complicidad de las autoridades superiores de dichas instituciones o una omisión corresponsable de la situación, con motivo de una participación económica o por las implicaciones políticas que llevaría el romper y atacar ese círculo vicioso de crimen-impunidad-negociación.

Ante ciertos acontecimientos, como el de los llamados huachicoleros, el Estado reacciona con toda su fuerza enviando refuerzos policiales para contrarrestar las acciones delictivas, por un lado se celebra la acción y se exclama la aplicación de mano dura frente a la gran amenaza que, incluso, podría llegarse a clasificar como de seguridad nacional; sin embargo, pasado el tiempo y ya negociado el “asunto”, se retoman los acuerdos de la protección selectiva de la impunidad.

Al parecer no hay consciencia de que se favorece el discurso demagógico: me refiero al que ofrece acabar con “la mafia en el poder”, aunque la paradoja se repita: “Aquel ladrón que grita: ‘agarren al ladrón’”.

Los discursos demagógicos no son racionales, puesto que su objetivo no es la racionalidad, sino hacerle creer a la audiencia que acabará con la corrupción, la inseguridad, al igual que con el desempleo y el resto de los problemas sociales.

Al respecto, después de los resultados electorales en el vecino país del norte, ¿alguien todavía duda de la efectividad del discurso demagógico? De quien ofrece a amplios segmentos de la sociedad, sin previa reflexión y análisis de las consecuencias, lo que ellos consideran como benéfico, tales como la construcción de un muro fronterizo, sin tomar en consideración que quienes deciden sobre el presupuesto no estarían de acuerdo con financiar tal proyecto, o  proponer la eliminación del Tratado de Libre Comercio, aunque ello implique peores consecuencias económicas de las que se pretenda resolver.

En parte, el resultado de tales demagogos que todos padecemos comienza con la ineficacia de las cúpulas partidistas y gubernamentales, que no están dispuestas a romper los círculos de impunidad selectiva a los que me he referido.

Este tipo de impunidad llega a los excesos de que los delincuentes actúen con tal libertinaje que puedan, en un momento dado, cometer no sólo la brutalidad sucedida la semana pasada en la carretera México-Puebla, sino muchísimas más de la cuales no nos hemos enterado o las hemos pasado desapercibidas por el número de casos que se van acumulando.

En tanto, los partidos políticos y la clase gobernante están peleando los espacios y cotos de poder, estamos poniendo en riesgo el país entero ante un demagogo más en este continente americano.

Twitter: @asalinastorre

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