Candil de la calle…
Respeto la dignidad
de la persona, la ley,
el cumplimiento
de las obligaciones,
pero por parte del vecino, no en nuestra casa.
El título de esta colaboración era el inicio de la crítica que se hacía a los gobiernos federales de nuestro país, previos a la alternancia en la Presidencia de la República, toda vez que se promovía, por la diplomacia mexicana, la política de la no intervención y, sobre todo en forma discursiva, la defensa de la democracia y la paz, en tanto que, a decir del premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, al interior del país era la dictadura perfecta.
Varias décadas han pasado desde que nos descalificaron así y, sin embargo, seguimos demandando y promoviendo en el extranjero lo que el gobierno y nosotros mismos no hemos sido capaces de hacer y generar para exigir de los gobernantes dentro de nuestro propio territorio.
En la actualidad, la demanda de respeto a nuestros connacionales en el vecino país del norte tiene y goza de legitimidad por méritos propios, puesto que ningún país del mundo, por muy poderoso que sea, puede dejar de respetar la dignidad humana.
Sin embargo, esa demanda en el exterior debe ir acompañada de acciones en el mismo sentido en el interior, y dejar de lado el error de continuar en la senda del doble lenguaje, en el que dicen defender la dignidad del país, en tanto que protegen la corrupción y el autoritarismo o dicen que defienden al pueblo y en el discurso atacan a la mafia y, en los hechos y en lo oscurito, se alían y protegen a la mafia de los seudolíderes magisteriales que tienen en esas condiciones al pueblo.
El gobierno y algunos candidatos en particular hablan y se llenan la boca para decir que van a acabar con la corrupción, cuando no lo hacen en la actualidad ni lo hicieron cuando fueron gobierno.
El último esfuerzo para combatir ese flagelo que destroza como cáncer nuestra sociedad ha sido el llamado Sistema Nacional Anticorrupción, respecto del cual, para no desperdiciar los recursos que cada vez serán más escasos, debiera partir de los resultados concretos que percibe la sociedad, por ejemplo, en materia de seguridad pública, de justicia penal o en cuanto a la Reforma Educativa o el mismo fenómeno de la corrupción, a pesar de la existencia de una secretaría de Estado que tiene oficinas en todas las dependencias y entidades de la administración pública.
Este nuevo Sistema que está creándose debiera orientarse por la entrega y vocación de servicio para restaurar la credibilidad en las instituciones, ya que, más allá del reparto de posiciones por los partidos políticos, se trata de alcanzar los objetivos, no sólo pretender los reflectores y la espectacularidad sobre los titulares.
Los últimos grandes casos calificados como de corrupción escandalosa en los que se ha logrado procesar a los acusados han sido por venganza política o la intolerable ofensa pública a la sociedad, más que por justicia y enviar el mensaje a todos, incluyendo a adversarios, amigos, cómplices y compadres, sobre el cumplimiento de la ley.
Una y otra vez caemos en las redes de la propuesta del gobierno de crear un sistema legal e institucional que poco o nada ha incidido para modificar patrones de comportamiento o cultura social que inspira dicho sistema, otro ejemplo es el caso de la sofisticación y complejidad del andamiaje institucional en materia de procedimiento electoral que tenemos, cuando aún estamos muy lejos de que los procesos electorales y las precampañas se realicen cumpliendo los objetivos constitucionales de legalidad e imparcialidad, puesto que, en lugar de una búsqueda del cumplimiento de la norma y de dichos principios, los actores políticos analizan y encuentran los resquicios legales para alterar la equidad en el proceso electoral.
Más allá de sanciones espectaculares, la edición de manuales e instructivos en cualquier materia, tal es el caso del combate a la corrupción, necesitamos modificar nuestros patrones de comportamiento por convicción, haciendo congruente la demanda del respeto a los derechos humanos de nuestros connacionales en el vecino país del norte y en cualquier parte del mundo; así como la apuesta de nuestra sociedad para desterrar la corrupción desde nuestros hogares, en las escuelas, en nuestros vecindarios y todos los ámbitos de nuestra vida social.
Estamos expuestos como nación ante los embates de una potencia más fuerte, pero no por ello goza de mayor legitimidad y prestigio (es ahora cuando cobra mayor relevancia lo que siempre dijimos desde este espacio al respecto). Podremos enfrentarla en el ámbito de lo legal y de la legitimidad, en la medida en que fortalezcamos dichos aspectos en lugar de erosionarlos día a día pensando, una vez más, en ganar la próxima elección, aunque a largo plazo se pierda el país.
Twitter: @asalinastorre
