Vandalismo en todos los niveles

Las imágenes de los actos vandálicos y protestas 
que hemos visto últimamente en algunas regiones, sólo es la punta del iceberg de un problema mayor. 

Una parte de esos actos son, evidentemente, realizados por personas que únicamente tenían la intención de robar y a los cuales corresponde el calificativo de rateros. Sin embargo, no debemos perder de vista que una parte de esos acontecimientos tienen su origen en algo más que el llamado gasolinazo y que es la gota que derrama el vaso; el problema mayor tiene que ver con otros actos vandálicos, que es la corrupción en amplios segmentos de las instituciones públicas y privadas, aunado a la crisis económica que padecemos, pero también a la falta de legitimidad del gobierno para responder ante estos actos.

Por más llamados que hagan las cámaras empresariales al respeto del Estado de derecho, el gobierno, en general, carece de legitimidad para someter con la fuerza pública a quienes se roban un televisor o incluso un refrigerador, cuando el mismo gobierno, ya sea federal o estatal, no hizo nada por evitar el vandalismo y los robos que se han venido haciendo desde hace mucho tiempo por parte de gobernantes y sus familiares en diversos estados de la República y a nivel federal.

Aunado a lo anterior, el gobierno tampoco tiene a una fuerza policial preparada para someter con un uso racional de la fuerza pública a quienes realizaron los actos vandálicos, sin incurrir, precisamente, en abusos policiales que incluso deriven en pérdida de vidas humanas. Como tampoco ha tenido los elementos de prueba para procesar y juzgar, respetando los derechos de toda persona, a todos los gobernadores y “ex” gobernadores que han sido acusados de corrupción.

Más allá de los mensajes que justifiquen económicamente la decisión del llamado gasolinazo, lo sucedido en estos días debe motivar a un cambio radical del gobierno y la clase gobernante, en la que están incluidos los partidos políticos, los principales empresarios del país, los líderes sindicales, entre otros segmentos sociales, puesto que las condiciones actuales han cambiado drásticamente a lo que habíamos estado acostumbrados en las últimas décadas.

Estos segmentos a los que me he referido no pueden continuar actuando como si no sucediera nada o que las protestas van a terminar por agotarse, toda vez que las circunstancias que incrementarán la crisis están a la vista: mayores alzas a la gasolina, escalada de precios, elevado precio del dólar, menores inversiones extranjeras, escasa recaudación fiscal, poca inversión pública, mayor inseguridad, menor creación de fuentes de empleo y la lista puede continuar.

El cambio y cohesión social que requieren nuestro país sólo pueden generarse a partir de que los principales privilegiados con el actual régimen hagan los sacrificios que demanda de la sociedad. Las principales fortunas del país se han hecho al amparo de bienes del dominio público y sólo en la medida en que los beneficiados del sistema comiencen a retribuir, mediante nuevas inversiones con menores márgenes de renta y promoviendo el bienestar social, sólo en esa medida podrá pedírsele a la sociedad en general que también haga mayores sacrificios de los que ha hecho hasta ahora.

De continuar el deterioro económico y social por la senda a que actualmente se dirige, el país corre el riesgo de que la crisis se profundice en los próximos meses y se generen condiciones inmanejables para los gobiernos municipales, estatales y el federal. El descontento generalizado nunca ha sido controlado por ninguna fuerza policial o militar en la historia de la humanidad.

Ahora bien, por otro lado, sólo se está pavimentando el camino para los falsos redentores que navegan con la bandera de la honestidad, la esperanza y la salvación, cuando en realidad han sido producto del mismo sistema, son jefes de los operadores que se venden con maletines llenos de dinero, han probado ser iguales o peores que las mafias que dicen combatir.

Existen pruebas fehacientes de que los países han terminado más arruinados de lo que estaban previo a que llegaran al poder estos falsos redentores y mesías que dicen defender la honestidad y se erigen en la salvación nacional.

Nuestro país ya ha caminado por el sendero de la destrucción de las instituciones y el saldo, más allá de la crisis económica, fue el drama humano del que nos tomó décadas tratar de salir adelante y dejar atrás las pandillas de otros vándalos. El país requiere la transformación social que se conduce por la vía institucional generada por un cambio responsable, ordenado y pacífico.

Twitter: @asalinastorre

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