Vs. demagogos e irresponsables

Busquemos la solución a nuestros problemas en lugar de culpables o la forma de evadirlos. El hecho de que el precio del dólar haya rebasado los veinte pesos es uno de los síntomas de la inseguridad económica y reflejo de otras inseguridades que padecemos en nuestro país desde hace varias décadas.

A pesar de que la globalización ha hecho más interdependientes a las economías de los países, no debemos considerar que los problemas nacionales y, mucho menos, la solución de los mismos dependen únicamente del extranjero.

Si bien es cierto que la posibilidad de que el arribo al poder del demagogo de Trump es motivo de preocupación, puesto que los efectos de ello están a la vista, quien lo dude puede observar la crisis venezolana después de la supuesta euforia del populismo de Chávez y la tragicomedia de su sucesor, también es cierto que ahora es tiempo de buscar qué es lo que podemos y debemos hacer nosotros mismos para enfrentar los problemas que padecemos y los que podrían presentarse después.

La movilización social a partir de la concientización ciudadana es una de las herramientas más poderosas y eficaces contra cualquier tipo de amenaza a la sociedad.

En la medida en que concienticemos a nuestros familiares y conocidos, con derecho a voto en el vecino país del norte, que deben salir a las calles a votar en las elecciones y que, a su vez, deben hacer lo mismo a través de todos los medios de comunicación y convencimiento a su alcance, superando los temores que se intentan difundir sobre su posible expulsión.

Estimo que debemos aprovechar una de las herramientas de la misma globalización, es decir, las redes sociales, que han servido para encontrar parientes y conocidos más allá de las fronteras y agilizar las comunicaciones con ellos, y ahora nos pueden servir para convocar a que nuestros familiares y conocidos ejerzan sus derechos para evitar las amenazas expresadas por el demagogo, populista y déspota en contra de nuestros connacionales.

Al igual que podemos contribuir a la defensa de nuestros seres queridos más allá de nuestras fronteras, también podemos llamar la atención por los efectos que pudiera tener en nuestro país, que dicho autoritario llegara a la presidencia del vecino país.

Sin duda alguna que, en la medida en que pongamos todas nuestras capacidades y esfuerzos individuales al servicio de la causa común, podremos alcanzar nuestro objetivo, sea cual fuere; sin embargo, si los esfuerzos se diluyen, porque no logramos canalizarlos hacia tales objetivos, sino que permitimos que los que se benefician de las condiciones actuales continúen dividiéndonos y diversificando los objetivos, cada día desperdiciaremos tiempo y energía, y lo peor aún, es que dejamos que nuestro propio demagogo, populista y déspota crezca en las preferencias electorales.

Las estrategias de Trump y AMLO no son muy diferentes, por el contrario; ambos señalan los errores en que ha incurrido el gobierno, sin asumir la responsabilidad de lo que les corresponde, por ejemplo, ninguno de los dos hace público, en forma honesta, su patrimonio y declara los beneficios que ha obtenido del gobierno y de las propias crisis económico políticas en sus respectivos países o de la división social que generan, puesto que para ellos sólo existen dos posturas: están con ellos o contra ellos, propias del totalitarismo.

Ambos se consideran la esperanza de sus naciones, menospreciando las leyes y las instituciones democráticas que se han forjado a lo largo de la historia para limitar el poder público, las cuales, si bien es cierto que no han demostrado plena eficacia, también lo es que en lugar de buscar a cada paso en hacerlas a un lado, debiera promoverse su cumplimiento y perfeccionamiento para el bienestar común de los gobernados.

Aún estamos a tiempo para tomar las precauciones y acciones debidas ante la amenaza que se cierne del despotismo y la demagogia.

Twitter: @asalinastorre

Temas:

    X