Lo raro es no “huichicolear”
Hace un par de días, en Quecholac, Puebla, un grupo de “huichicoleros” o “chupaductos” se enfrentó a elementos del Ejército mexicano. El saldo fue de diez personas muertas, entre ellas cuatro elementos castrenses, y 14 otras arrestadas. Unas horas después del ...
Hace un par de días, en Quecholac, Puebla, un grupo de “huichicoleros” o “chupaductos” se enfrentó a elementos del Ejército mexicano. El saldo fue de diez personas muertas, entre ellas cuatro elementos castrenses, y 14 otras arrestadas. Unas horas después del enfrentamiento, los “huichicoleros”, acompañados de habitantes de Quecholac, bloquearon la autopista Puebla-Orizaba con el fin de exigir la liberación de los detenidos y que los soldados se retiren de la zona.
Lo de los “huichicoleros” no es nuevo: desde hace tiempo, en varios puntos del país, existen bandas que sustraen combustible de los ductos de Pemex para revenderlo. Las autoridades han estado al tanto de esta situación. De hecho, hay indicios de que trabajadores de Pemex están involucrados en el asunto. Sin embargo, hasta ahora, nadie había hecho nada relevante al respecto: los “huichicoleros” —me refiero a los de Quecholac; es obvio que otras bandas continúan operando— habían disfrutado de tiempo y espacio para hacer de las suyas.
Así como los “chupaductos” de Quecholac habían gozado de total impunidad, hay por todo el país grupos de taxistas piratas, invasores de tierras, invasores de inmuebles, comerciantes ambulantes, talamontes, franeleros, productores de amapola, productores de mariguana, etcétera, que, aprovechándose de la ausencia de gobierno, hacen y deshacen a placer. También hay ciudadanos, digamos “normales”, que sacan partido de la impunidad: quienes dejan en plena calle la basura generada en sus hogares, quienes se estacionan sobre las banquetas y un larguísimo etcétera.
Y justo así como los familiares, amigos y vecinos de los “huichicoleros” detenidos exigen que el Ejército se retire de “su” zona, lo cual les permitiría continuar con sus fechorías, lo normal en México es que, quienes actúan fuera de la ley, se organicen con el fin de evitar que se les aplique la misma.
“Huichicolear”, es decir, actuar fuera de la ley, es pues lo normal (lo raro es no “huichicolear”). Negocios enteros, actividades económicas enteras e, incluso, modos de vida en sí, han sido construidos en el marco de ilegalidad que caracteriza a nuestro país. No es sorprendente entonces que, cuando la autoridad por fin se decide a actuar y busca destruir esas actividades, esas fuentes de trabajo y esas formas de vida, haya una reacción violenta, e incredulidad, de parte de quienes viven fuera de la ley.
Pero lo más grave de todo no es que haya quienes estén habituados a hacer lo que quieren, a nunca respetar nada y, obvio, a aplastar al prójimo cada vez que sea “necesario”. Lo peor es que, quienes se supone gobiernan, son los primeros en “huichicolear”.
¿Con qué legitimidad es que nuestros gobernantes, nuestra clase política, pretenden hacer valer la ley? ¿Creen el señor Peña Nieto, sus colaboradores, los gobernadores, los alcaldes, los jueces, los ministerios públicos y los policías que la población no está al tanto, por citar un ejemplo, de que varios gobernadores se han cansado de saquear y, sin embargo, nadie les dice nada? ¿Creen asimismo quienes “gobiernan”, por mencionar otro ejemplo, que los mexicanos no nos enteramos del cochinero que tiene lugar cuando hay elecciones y que son los propios partidos políticos y los gobiernos estatales, municipales y federal quienes actúan fuera de la ley para comprar votos, recaudar “donaciones”, etcétera?
Mientras los políticos sean “huichicoleros” profesionales será imposible que tengamos un país serio, en el que la ley de verdad valga. Y es que es cierto que lo normal es “huichicolear”, sí, pero esto no debe continuar. A ver, pues, para cuándo.
