Caer, y gobernar, con honor
Hace un par de días, durante la ceremonia conmemorativa de la Marcha de la Lealtad, un cadete del Heroico Colegio Militar sufrió un desmayo y, lamentablemente, una aparatosa y dolorosa caída. Para el presidente Peña Nieto, sin embargo, el alumno del Colegio Militar no ...
Hace un par de días, durante la ceremonia conmemorativa de la Marcha de la Lealtad, un cadete del Heroico Colegio Militar sufrió un desmayo y, lamentablemente, una aparatosa y dolorosa caída.
Para el presidente Peña Nieto, sin embargo, el alumno del Colegio Militar no se desmayó, sino que dio una muestra de los atributos de nuestras fuerzas armadas: “carácter, valor, gallardía y coraje”. De hecho, según el presidente Peña, haber caído de “manera firme, serena y sin meter las manos, sin doblarse” fue una exhibición de honorabilidad de parte del cadete: haber caído de manera diferente habría sido “caer sin honor”.
Efectivamente, los cadetes del Heroico Colegio Militar, y la inmensa mayoría de los miembros de las Fuerzas Armadas del país, son ejemplos de coraje, valor, lealtad y gallardía. Pero lo dicho por el presidente Peña es inadmisible.
Para empezar, lo que comentó Peña Nieto es una suprema estulticia. ¿De verdad cree el Presidente de la República que quien sufre un desmayo puede elegir meter las manos o no? ¿O acaso el presidente Peña piensa que el cadete no sufrió un desmayo, sino que se aventó (se aventó “con honor”, claro)? ¿O qué estaba pensado Peña Nieto al decir lo que dijo? ¿O, más bien, habló por hablar, como lo ha hecho en muchas otras ocasiones? No sé qué sea peor, de verdad.
En segundo lugar, lo comentado por el señor Peña Nieto refleja que el presidente está desesperado por “quedar bien”. Es evidente, y no sólo por el episodio aquí comentado, que el presidente Peña está, pues, ansioso: le urge que los mexicanos ya no lo condenen, ya no lo reprueben.
¿Qué podemos esperar de un presidente que se siente así? ¿Cómo enfrentará, por ejemplo, ese monumental reto que es Donald Trump? ¿Qué hará si, por citar otro ejemplo, el PRI gana la próxima elección en el Estado de México y Morena, y otros partidos, acusan fraude y hay violencia en las calles?
En tercer lugar, no podemos descartar que el presidente Peña haya estado hablando en serio, es decir, estando plenamente convencido de que lo honorable es caer “sin meter las manos”, que la gallardía y el valor son sinónimos de, simple y sencillamente, desplomarse. ¿Ésa será su estrategia cuando el presidente Trump nos quiera pasar la factura por el muro fronterizo? ¿Es con esa actitud que Peña Nieto encara los interminables y múltiples problemas que México padece?
Pero lo peor no es que Enrique Peña Nieto haya dicho lo ya indicado ni todo lo que sus comentarios revelan; lo más grave es que, después de decir lo que dijo, el presidente Peña agregó lo siguiente: “Por mandato de la Constitución y por plena convicción seguiré actuando como Presidente de la República en permanente defensa de los mexicanos, lo hago por el sentido del deber, lo hago por el gran amor que siento por nuestra nación”.
Si no fuera porque se trata del jefe del Estado mexicano y del titular del Poder Ejecutivo, las declaraciones de Peña Nieto serían de risa. Pero como provienen de quien provienen, son para llorar. ¿En verdad piensa el Presidente de la República que defiende a los mexicanos? ¿Usted le cree, amigo lector, al señor Peña Nieto cuando dice que siente “amor” por nuestro país?
De la misma forma, si Enrique Peña actúa de acuerdo a la Constitución, ¿qué espera para dejar su cargo si, cuando tomó posesión, juró hacer valer las leyes, pero es obvio que no puede, y probablemente ni siquiera desee hacerlo?
El gobierno de Peña Nieto será recordado como uno de los peores en la historia de México (ciertamente el peor desde que concluyó el Porfiriato. Sí, peor que el de López Portillo). Eso sí: nadie podrá decir que el presidente Peña no gobernó “con honor”.
Twitter: @aromanzozaya
