¿Triunfará el fascismo?
Por si a alguien le quedaba duda, ha quedado claro que el nuevo Presidente de Estados Unidos es un fascista: repudia los métodos democráticos, no tolera la crítica, es un racista, un xenófobo y un populista. Asimismo, vive en una realidad alternativa, literalmente, es ...
Por si a alguien le quedaba duda, ha quedado claro que el nuevo Presidente de Estados Unidos es un fascista: repudia los métodos democráticos, no tolera la crítica, es un racista, un xenófobo y un populista. Asimismo, vive en una realidad alternativa, literalmente, es decir, construye y se apega a “hechos alternativos”, según los cuales, cuando algo le sale mal, es por culpa de los medios de comunicación y de quienes no comparten sus ideas: justo así es que se comportan los fascistas.
En concordancia con lo anterior, el señor Trump ordenó la construcción del muro entre México y Estados Unidos, el cual representa el desprecio que él y sus seguidores sienten por nuestro país. De la misma forma, el presidente Trump ha girado instrucciones para que ciudadanos de siete países musulmanes no puedan ingresar más a Estados Unidos, retiró a su país del Acuerdo Transpacífico, está considerando un impuesto de 20% a las importaciones mexicanas y , por supuesto, ha dejado claro que el TLCAN tendrá que ser “renegociado” o, incluso, simplemente eliminado.
A simple vista, todas estas medidas, y las que están por venir, parecen estar pensadas para, y ser apoyadas por, los votantes que optaron por Trump. Sin embargo, no es evidente que todos los estadunidenses que votaron por el ahora Presidente de Estados Unidos estén de acuerdo con ellas necesariamente. Asimismo, incluso si lo estuvieran, es altamente probable que, por lo menos algunos de ellos, dejarán de estarlo una vez que se den cuenta de que, por ejemplo, el impuesto a las importaciones mexicanas resultaría en precios más elevados.
De la misma forma, eventualmente, será evidente que el muro fronterizo no servirá de mucho en la práctica pero, eso sí, costará un dineral que el gobierno de México no va a pagar, tomará mucho tiempo en ser finalizado y, de hecho, tal vez jamás sea realmente completado. Lo que seguiría es que esos simpatizantes a quienes Trump habrá decepcionado se unan a quienes lo cuestionan y jamás han estado de acuerdo con el muro, etcétera.
Ahora bien, algunos de los votantes que respaldaron a Trump pensarán que, si las cosas no funcionan como su Presidente prometió, seguramente es por culpa de los demócratas, de la prensa, de los mexicanos, etcétera. Si el propio Donald Trump adoptase esta postura —seguramente eso es lo que haría—, la puerta quedaría abierta para un choque entre, por un lado, el presidente Trump y sus seguidores más radicales y, por el otro, la oposición a Trump.
La presión que el presidente Trump enfrentaría podría descarrilarlo e, inclusive, conducirlo a que abandone la Casa Blanca antes de que concluya su mandato (no se puede gobernar duradera y legítimamente cuando sólo se toman en cuenta las opiniones de una minoría. Mucho menos si esa minoría es totalmente radical). Pero también podría ocurrir que Trump se aferre, que se refugie en sus “hechos alternativos” y en sus incondicionales, que inclusive intente hundir el barco antes que tener que abandonar el timón. ¿Hasta qué punto estiraría la cuerda Donald Trump?
Lo que escribo parece ser parte de una ficción: ¿cómo es que un país que se supone es democrático está siendo gobernado por un fascista y, al mismo tiempo, al parecer se avecina un cisma en el propio seno de dicho país? No lo entiendo a plenitud. Lo que sí tengo claro es que Estados Unidos, y el mundo mismo, no se pueden dar el lujo de permitir que el fascismo perdure. También veo con claridad que aquí hay una lección para México con relación al proceso electoral de 2018 y lo que le seguirá: ojalá estemos tomando nota.
Twitter: @aromanzozaya
