Pedradas anticorrupción

Para que la corrupción se materialice se requiere que haya quienes estén dispuestos a ser corruptos.

Hace un par de días, el presidente Peña señaló que la corrupción está “en todos los órdenes de la sociedad y en todos los ámbitos. No hay alguien que pueda atreverse a arrojar la primera piedra; todos somos parte de un modelo que hoy estamos desterrando”.

Es cierto que la corrupción es un problema. Sin embargo, no todos somos corruptos. Por citar un caso, hay muchos ciudadanos que, aun a sabiendas de que suele ser más fácil “dar mordida” que hacer las cosas como se debe, no se involucran en corruptelas. Asimismo, hay organizaciones que se dedican a, justamente, luchar contra la corrupción.

Lo que el Presidente dijo no tiene, pues, fundamento alguno. Si vivimos en medio de la corrupción no es porque los mexicanos estemos genéticamente programados para ello, o porque nos encante, o porque, per se, concibamos a la corrupción como una manera de ser, actuar y pensar.

La corrupción ocurre porque la impunidad es la norma. Asimismo, la ley suele ser vista como un estorbo y no como lo que es: una manera de organizar nuestra vida en sociedad. Si la ley es percibida como una carga y, al mismo tiempo, es fácil “darle la vuelta,” los incentivos para ser parte de la corrupción son muy grandes.

Ahora bien, una cosa es que haya esos incentivos y otra que las personas opten por actuar de acuerdo con los mismos: para que la corrupción se materialice se requiere que, además de que haya terreno fértil para la misma, haya quienes estén dispuestos a ser corruptos. Algunas personas elegirán la corrupción, pero otras no.

El problema adquiere dimensiones mayores cuando, quienes tienen la ley por el mango, optan por la corrupción. Cuando esto ocurre, lo “racional” para los ciudadanos es ser corruptos. Así, “el modelo” de vida termina por incluir corruptelas por aquí y por allá. Y sí, justo esto es lo que suele ocurrir en México.

Lo repito: el problema de la corrupción se magnifica cuando quienes están a cargo de hacer, interpretar y ejecutar las leyes son los primeros en elegir la ruta de la corrupción, es decir, son los primeros en “gozar” de los “beneficios” de la impunidad.

La solución a esto conlleva que las autoridades se comporten como deberían. Asimismo, es importante que la ciudadanía asimile que la función de la ley no es estorbar sino darle orden a la sociedad. Sin embargo, todo esto se vislumbra difícil cuando el Presidente de la República tiene una Casa Blanca que su esposa le compró a un contratista, etcétera (uso este caso como un ejemplo de las muchísimas corruptelas a las que nos tienen acostumbrados nuestros políticos, ellos sí, en todo ámbito y en todo nivel).

Entonces, si bien el Presidente, claramente, no puede arrojar la primera piedra y muchos políticos tampoco, hay ciudadanos que sí pueden lanzarla y están haciéndolo. Por ello, de hecho, ahora hasta el eternamente protegido gobernador de Veracruz está comenzando a perder su manto protector, por ejemplo. Y por ello es que el Presidente ahora nos quiere hacer creer que “todos” estamos desterrando la corrupción.

No, señor Presidente, la sociedad —esa a la que usted ha definido como corrupta en todo ámbito— es la que está, poco a poco, deshaciéndose de los corruptos, no usted. En todo caso, usted sólo está reaccionando, por instinto de sobrevivencia y nada más, a lo que la ciudadanía está reclamando. Así pues, se ve que las pedradas (esas que nadie puede lanzar, según usted) han dado en el blanco. Le tengo malas noticias para usted y buenas para México: vienen más.

                Twitter: @aromanzozaya

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