Los silbatos de Mancera

Si las autoridades hicieran su trabajo, la impunidad se reduciría y la confianza en éstas aumentaría.

Hace unos días, Miguel Ángel Mancera, jefe de Gobierno de la Ciudad de México, anunció que, como parte de un conjunto de acciones para combatir el acoso y la violencia contra las mujeres en el transporte público, el gobierno de la ciudad repartirá silbatos entre las usuarias del Metro, Metrobús, etc. La idea es que, cuando una mujer que esté, digamos, en el Metro, se sienta acosada, agredida y/o amenazada, deberá hacer sonar su silbato, lo cual, se supone, contribuirá a que el agresor se desista de sus acciones.

En principio, la propuesta de los silbatos tiene sentido: un pitazo atraería hacia la víctima la atención de otros usuarios del transporte público y/o de la policía, lo cual resultaría en que el acosador, con el fin de evitarse problemas, no concrete la agresión. Sin embargo, para que esto funcione así, es necesario que se cumplan algunos supuestos.

Para empezar, es indispensable que la mujer agredida, o que se siente amenazada, se anime a usar el silbato. ¿Qué tal si, por temor a que el victimario la golpee o incluso la acuchille al saberse exhibido por el silbatazo, la víctima optase por no utilizar el pito? Lo mismo vale para otras personas que rodean a la víctima: ¿tal vez, con el fin de evitar terminar en un problema que podría ser grave, no ayuden a ésta incluso cuando han escuchado el pitazo?

En segundo lugar, ¿qué tan diferente es un silbatazo a un grito de auxilio? Si las mujeres sintieran que vale la pena atraer atención hacia ellas cuando son acosadas/agredidas, ¿no lo harían ya por medio de su voz? ¿No gritarían y gritarían hasta que el agresor desistiera y/o alguien viniera en su ayuda? El punto es éste: para que lo del silbato sea exitoso, es indispensable que las usuarias de transporte se sientan protegidas tanto por otros usuarios como por la policía. ¿Es éste el caso en la Ciudad de México?

Aunado a lo anterior, ¿cuándo exactamente es que se supone que las mujeres deben usar el silbato? ¿Cuando algún malnacido las manosea en el Metrobús pero es imposible saber quién fue exactamente? ¿Cuando van caminando en un andén del metro y un patán les da una nalgada y se echa a correr? ¿Cuando sienten que alguien las mira lascivamente en un microbús? El silbato podría ser útil cuando las víctimas detectan que están a punto de ser agredidas, pero, en otras circunstancias, no parece ser de gran utilidad. Entonces, ¿de verdad servirá de algo el pito? ¿Cuántas agresiones son como las que he descrito y cuántas son del tipo en el que la víctima de hecho se da cuenta de que está a punto de ser agredida? ¿El gobierno de la ciudad conoce estas cifras y las tomó en cuenta a la hora de proponer lo de los silbatos?

Obviamente, es bienvenido que la autoridad capitalina combata el acoso sexual. Pero, honestamente, esto de los silbatos parece una iniciativa poco analizada, para salir del paso. Lo que de verdad es necesario es que las personas —no sólo las mujeres— confíen en la autoridad y se animen a denunciar. De la mano de esto, es indispensable que no haya impunidad (de hecho, si las autoridades hicieran su trabajo, la impunidad se reduciría y la confianza en las autoridades aumentaría).

Mientras haya impunidad, mientras los acosadores sepan que es fácil salirse con la suya, silbatos o no silbatos, las agresiones contra las mujeres continuarán. Pero claro: lo difícil es lograr que las policías, los ministerios públicos y los jueces hagan lo que tienen que hacer; lo fácil es repartir pitos.

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