Los jóvenes y el futuro de México
Se llama Marco Ramírez Campos. Es miembro de la Policía Estatal de Querétaro. Hace unos días, golpeó a un bombero de nombre Joaquín García como resultado de una discusión en torno a un cajón de estacionamiento. Lo ocurrido fue capturado en un video, captado por el ...
Se llama Marco Ramírez Campos. Es miembro de la Policía Estatal de Querétaro. Hace unos días, golpeó a un bombero de nombre Joaquín García como resultado de una discusión en torno a un cajón de estacionamiento. Lo ocurrido fue capturado en un video, captado por el mismo García, el cual revela que el agresor es un prepotente que concibe al prójimo como un estorbo que merece ser minimizado y, de ser “necesario”, eliminado.
Las autoridades de Querétaro han confirmado que Ramírez es policía y hasta informaron que cuenta con antecedentes de conducta violenta. No obstante, no es eso lo que quiero resaltar sino que, en el video en cuestión, se aprecia que la actuación de Ramírez
Campos fue atestiguada por sus propios hijos. De hecho, el policía Ramírez golpeó al bombero García cuando éste le hizo ver que, con su pésima conducta, le estaba dando un mal ejemplo a sus pequeños.
Justo también hace unos días, en Toluca, un grupo de guaruras que escoltaba al conductor de un automóvil Rolls-Royce agredió a golpes al conductor de otro vehículo. Al parecer, este otro conductor le reclamó al ocupante del auto de lujo el que hubiese invadido su carril. Eso habría bastado para enfurecer al señor del Rolls-Royce, quien habría ordenado la agresión. Todo indica que quien viajaba en el Rolls-Royce es Emir Garduño Montalvo, cuyo hermano es Jair Garduño Montalvo, primer regidor de Metepec, Estado de México.
Aparentemente, Emir Garduño es bien conocido en Toluca por agresivo y prepotente; las autoridades jamás han hecho algo al respecto. Pero ni eso, ni el hecho de que el hermano de un político ande en un Rolls-Royce, es lo que me interesa subrayar, sino que la agresión de los supuestos guaruras de
Garduño quedó registrada en un video que fue tomado por otro automovilista, y en el cual se escuchan las voces de un par de niños, quienes, desesperados y llenos de pánico, gritan: “¡no, papá, no grabes! ¡Súbete al coche! ¡Vámonos, papá: por favor, no grabes!”.
Los niños de este video comprenden plenamente lo que está pasando: unos guaruras, esos entes salvajes a los que es mejor ni siquiera mirar, están agrediendo a una persona indefensa, como seguramente lo han hecho en una gran cantidad de ocasiones. Los niños saben que contra eso no hay nada que hacer: nada. Asimismo, entienden que, si esas incontrolables bestias se dan cuenta de que su padre los está grabando, la siguiente víctima será él y posiblemente también ellos mismos. Por eso su pánico y desesperación.
Los gritos de los niños del video de Toluca son evidencia de lo podrido que está México: esos pequeños, a su tan corta edad, tienen claro que viven en el reino de la impunidad, en un país en el que nada se puede hacer ante quienes deciden aplastar al prójimo.
Ahora bien, los pequeños del video de Querétaro, los que vieron cómo su padre golpeó a otra persona por un cajón de estacionamiento, tienen también una buena idea sobre el país en el que viven: su papá es policía pero, en vez de proteger a la ciudadanía y trabajar para el bien de la colectividad, va por la vida insultando, golpeando y humillando a los demás sin jamás pagar consecuencias por ello.
Si eso es lo que ven y viven los niños de México, ¿qué tipo de país tendremos en el futuro? ¿De verdad podemos anhelar que esos mexicanos del mañana eventualmente reconstruyan el tejido social y desarrollen un Estado de derecho, como lo ha indicado Enrique
Krauze, por ejemplo? ¿Cómo exactamente se lograría esto? No digo que sea imposible, pero, ¿no es imperativo que el cambio empiece ya y que al mismo contribuyamos todos? No lo olvidemos: “hijo de tigre, pintito.”
Twitter: @aromanzozaya
