La contingencia y la autoridad
Cuando este columnista cursaba la secundaria, en la Ciudad de México, era normal que, en invierno, las clases empezaran un par de horas tarde, o fueran canceladas, como resultado de contingencias ambientales justo como la que acaba de ser experimentada en la capital del ...
Cuando este columnista cursaba la secundaria, en la Ciudad de México, era normal que, en invierno, las clases empezaran un par de horas tarde, o fueran canceladas, como resultado de contingencias ambientales justo como la que acaba de ser experimentada en la capital del país. En esos entonces, las autoridades explicaban que el problema de fondo era que había demasiados coches. De hecho, fue este diagnóstico el que condujo a la implementación del famoso, y todavía vigente, Hoy No Circula.
Si bien la última vez que había habido una contingencia ambiental fue en 2002, nadie puede negar que la contaminación del aire ha sido, por décadas, uno de los problemas centrales de la Ciudad de México. Es innegable también que, por un lado, uno de los factores detrás de dicho problema es, efectivamente, el número de automóviles y que, por otro lado, no se vislumbra cómo se podría reducir dicho número, al menos en el mediano plazo.
Para empezar, por ejemplo, la infraestructura de transporte favorece a los vehículos automotores: en la Ciudad de México, gracias a los “segundos pisos”, los coches circulan hasta por enfrente de las ventanas de los edificios. Asimismo, muchas de las calles son anchas, muy anchas, para así acomodar tantos autos como sea posible. Aunado a lo anterior, las ciclovías son pocas y no son seguras.
De la misma forma, el sistema de transporte colectivo es muy limitado, tanto en calidad como en alcance, lo cual constituye un incentivo para evitarlo y viajar en automóvil: al contrario de lo que ocurre en otras grandes urbes, en la Ciudad de México lo racional no es dejar el auto en casa, o ni siquiera tener coche, sino todo lo contrario.
¿Es sorpresa, entonces, que la contaminación ambiental sea uno de los retos que la CDMX ha encarado por décadas? ¡Lo sorprendente es, en todo caso, que transcurrieron 14 años sin contingencia alguna! Lo que nos llama la atención es, eso sí, que el jefe de Gobierno de la ciudad culpe a alguien más por lo que ocurre en donde él gobierna pues, según el señor Mancera, los problemas de la ciudad no son realmente de la ciudad. Por citar un caso, de acuerdo con Miguel Ángel Mancera, en la capital de la República no hay crimen organizado; éste está establecido en otras partes del país y, en la CDMX, sólo “opera”, lo cual no es un problema grave. De igual manera, la contaminación no es causada por los habitantes de la ciudad sino por automovilistas provenientes de otras entidades.
Si bien los argumentos del jefe de Gobierno son verdades a medias, hay algo, totalmente obvio, en lo que tiene razón: la Ciudad de México está vinculada al Estado de México y a Morelos en todo sentido. Asimismo, tiene vínculos muy importantes con Puebla, Tlaxcala, Querétaro e Hidalgo. Por ello, es imprescindible que abramos una discusión respecto de cómo está estructurado el poder y cómo están organizadas las autoridades, es decir, respecto al pacto federal: ¿todavía nos es útil como está concebido? ¿Constituye lo que nuestra realidad exige? ¿No valdría la pena explorar, por ejemplo, la creación de una megaentidad que abarque a, por lo menos, Morelos, el Estado de México y la Ciudad de México?
Si ésa no es la ruta para atacar problemas como el de la contaminación, ¿cuál es? Sea cual sea, tienen que ver, sin duda, con la autoridad, con el gobierno: mientras se construyan más segundos pisos, no se mejore el transporte público, no se desarrollen más y mejores ciclovías, etcétera, las cosas empeorarán. Lo sabíamos hace más o menos 30 años y lo sabemos hoy. ¿Continuaremos así 30 años más?
Twitter: @aromanzozaya
