¿#Misiónimposible?

La auténtica misión que debemos conquistar, todos, consiste en construir un México menos vio-lento, menos corrupto, próspero, seguro y con futuro.

“Misión cumplida”. Ésa fue la expresión con la que el presidente Peña Nieto dio a conocer que, por tercera ocasión, El Chapo Guzmán había sido capturado. Vinieron después más palabras (algo así como que, gracias a la detención de Guzmán, el Estado de derecho en el país era una realidad), abrazos y festejos.

¡Qué bueno que el señor Peña Nieto tenía una misión y que la cumplió! Asimismo, es positivo que se lograra la detención de un importante delincuente. Esto evidencia que, cuando el gobierno quiere, puede. Lo mismo pasó con Elba Esther Gordillo: la quisieron meter a la cárcel y bien que pudieron.

Pero, entonces, ¿por qué hay criminales de todo tipo que andan sueltos, a los que nadie les dice nada y, en muchos casos, son hasta políticos, amigos de políticos o familiares de políticos? ¿Por qué, por ejemplo, hay una diputada local que visitó a El Chapo en prisión, utilizando una credencial de elector falsa para identificarse, lo cual constituye un delito federal, y nadie ha hablado de desaforarla siquiera? ¿Por qué hay un exgobernador al que nadie en el gobierno cuestiona cuando, según declaraciones de excolaboradores suyos y gente a cercana a él, vertidas ante las autoridades de Estados Unidos, es un pillo que infló la deuda de su estado y luego se robó parte del dinero? ¿Por qué las investigaciones en torno al caso de este exgobernador están siendo conducidas en Estados Unidos y en España pero, insisto, no en nuestro país?

¿Será que a esa diputada y a ese exgobernador, quienes constituyen tan sólo dos ejemplos de los muchos casos similares que hay en México, nadie les dice nada porque son, precisamente, políticos? Pongámoslo así: ¿qué tiene que pasar para que, en nuestro país, los políticos corruptos, rateros, paguen por sus delitos? ¿No es ésa una “misión” que el presidente Peña quisiera aceptar y cumplir?

Lo de los políticos “mañosos” que nunca son siquiera cuestionados por las autoridades representa una vertiente particular de un problema generalizado, el cual, a pesar de lo que diga el señor Peña Nieto, es una obviedad: en México no hay un Estado de derecho sólido. Así, por citar un ejemplo, los tres niveles de gobierno permitieron la destrucción de un tesoro de la naturaleza en Cancún, sobre el cual se planea la construcción de hoteles. ¿Quién dio los permisos correspondientes? ¿Por qué no se valoró adecuadamente el impacto ecológico? ¿Si todo estaba en orden, por qué ahora un juez ordenó detener las obras? No sabemos. ¿Lo sabremos algún día?

¿Y qué tal el asesinato, hace unas semanas, de una alcalde recién electa, en Morelos? ¿Quién la mató? ¿Por qué? ¿Por qué, todos los días, a lo largo y ancho del país, hay episodios de corrupción en todos los niveles? ¿Por qué hay también asesinatos, extorsiones, secuestros, desapariciones, asaltos, robos, etcétera? ¿Por qué una inmensa mayoría de estos delitos jamás son siquiera denunciados? Porque en México, haya cumplido su particular “misión” el señor Peña Nieto o no, la ley suele ser papel y nada más.

La auténtica misión que debemos conquistar, todos, consiste en construir un México menos violento, menos corrupto, menos contaminado, más equitativo, próspero, seguro y con futuro. Eso depende, en buena medida, de que aprendamos a vivir en legalidad. Otros países lo han conseguido (aunque ninguno es perfecto, obvio) y, en parte por ello, su calidad de vida es muy superior a la que ofrece el nuestro.

He ahí una misión por la que vale la pena trabajar. A juzgar por nuestra historia y nuestro presente, se trata, no obstante, de una #Misiónimposible. ¿Lo es?

                Twitter: @aromanzozaya

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