¿Qué celebran?

El que El Chapo esté preso no se traduce en que ya no habrá impunidad, ni corrupción ni violencia, es decir, las cosas no van a cambiar dramáticamente

Cayó, de nuevo, El Chapo Guzmán. ¡Qué bien! ¿Pero de verdad hay que celebrar como lo han hecho el presidente Peña y su gabinete? ¿Era necesario en serio, por citar un ejemplo, que los secretarios de Desarrollo Social y de Cultura expresaran sus más cordiales “felicitaciones” a Enrique Peña por la captura de Guzmán Loera?

Ciertamente, El Chapo no es cualquier delincuente: pertenece a una organización criminal que ha hecho mucho daño a la sociedad. Asimismo, se había convertido en una especie de “héroe” para una parte de los mexicanos. De la misma forma, su escape del penal de El Altiplano, hace seis meses, significó una burla a la administración federal. Pero, lo repito: ¿es realmente necesario tanto cacareo por su detención? ¿Era imprescindible que el mismo Presidente de la República publicara, vía Twitter, que la caída de El Chapo representa una “misión cumplida”?

Desde la perspectiva del gobierno, es obvio que sí había que dar rienda suelta al triunfalismo. Y es que el gusto del Presidente y los suyos por la captura de Guzmán es directamente proporcional a la vergüenza que su fuga había causado, así como a la corrupción que la propia fuga exhibió. De hecho, ahora sabemos cuánto le dolió, y qué tan desconcertado estaba el Presidente, cuando Guzmán Loera se escapó. Por eso, ahora no para de sonreír y de repartir abrazos a sus colaboradores.

Entiendo, pues, la alegría de las autoridades: se quitaron un enorme peso de encima. Sin embargo, el Presidente se equivoca al señalar que el nuevo encarcelamiento de El Chapo encarna un “importante logro en favor del Estado de derecho en México”. No quiero decir que no sea relevante que Guzmán ya no esté libre. Pero, de ahí a decir lo que dijo Peña Nieto, hay un gran trecho. En todo caso, lo que la tercera captura de Guzmán Loera evidencia es justamente lo contrario: en México, el Estado de derecho es tan débil que se necesitó un comando de marinos, y hasta apoyo internacional, para aprehender a un delincuente de alto nivel, lo cual ilustra, y es al mismo tiempo producto de, que en nuestro país es muy fácil hacerse de armas, sobornar policías y funcionarios públicos, amedrentar jueces, mover dinero ilícito, mover drogas y, aun siendo uno un criminal de talla internacional, ganarse el apoyo de cierta parte de la población, circunstancias que hicieron posible el éxito de Guzmán Loera, así como sus fugas.

Yo, por mi parte, veo muy poco que festejar pues, además de lo ya señalado, el que El Chapo esté preso no se traduce en que ya no habrá impunidad, ni corrupción ni violencia, es decir, las cosas no van a cambiar dramáticamente; el Estado de derecho seguirá siendo débil. Así, las circunstancias que propician y facilitan la existencia de criminales y de organizaciones delictivas no se van a desvanecer. Igualmente, la detención de Guzmán tampoco quiere decir que el narcotráfico ha sido derrotado, que ya no hay cárteles, que ya no hay secuestros, que ya no hay extorsiones, que ya no habrá alcaldes asesinados, que el debate sobre el mando único es ahora irrelevante, etcétera.  

Insisto: es bueno que El Chapo haya sido detenido; es una noticia positiva, sin duda. Lo sería más si el gobierno entendiera que esto es un pequeño logro, y nada más, en un país al que le urgen legalidad, justicia, transparencia, rendición de cuentas y civismo, elementos que requieren trabajo de largo plazo y compromiso por parte de las autoridades y de la ciudadanía. Cuando tengamos todo eso, entonces sí que los gobernantes celebren hasta que se cansen. Yo, gustoso, celebraré con ellos.

                Twitter: @aromanzozaya

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