¿Servirá el nuevo Reglamento de Tránsito?
En la Ciudad de México, desde hace unos días, está en vigor un nuevo Reglamento de Tránsito. Según el gobierno de la ciudad, el reglamento no es un decálogo de “mordidas” sino un instrumento para generar movilidad y mejorar la calidad de vida. ¿Se acuerda usted, ...
En la Ciudad de México, desde hace unos días, está en vigor un nuevo Reglamento de Tránsito. Según el gobierno de la ciudad, el reglamento no es un decálogo de “mordidas” sino un instrumento para generar movilidad y mejorar la calidad de vida.
¿Se acuerda usted, amigo lector, de que hace no muchos años, en la administración del ahora desaparecido Marcelo Ebrard, fue introducido igualmente un nuevo reglamento vial? ¿Recuerda usted que, en ese entonces, se nos dijo que, ahora sí, el tránsito en la ciudad mejoraría mucho y que la calidad de vida de los habitantes de la ciudad también lo haría?
Yo lo recuerdo bien. Asimismo, no olvido que, cuando escuché a Ebrard declarar que el reglamento que se introduciría era una maravilla, pensé que las cosas seguirían exactamente igual que siempre pues, para que las leyes funcionen, se requiere, por lo menos, un gobierno dispuesto a, y capaz de, aplicarlas, así como una ciudadanía que las asimile, es decir, que las cumpla porque son legítimas y tienen sentido, y no tanto por temor a potenciales sanciones. En México no tenemos ni lo uno ni lo otro. Jamás lo hemos tenido, de hecho.
Ahora pienso exactamente lo mismo: el flamante Reglamento de Tránsito que el señor Mancera ha celebrado como si se tratara de la solución definitiva a los problemas de movilidad de la ciudad no va a servir de mucho. Y es que incluso si fuese aplicado a la perfección y todo mundo lo respetara, la movilidad no necesariamente mejorará pues ésta conlleva mucho más que autos, microbuses y autobuses: para que la movilidad sea superior, se requieren más líneas de metro, más y mejores líneas del tren suburbano, menos microbuses y más autobuses de mayor tamaño, más bicicletas y rutas para éstas, etcétera. En pocas palabras, la movilidad sólo mejorará cuando el automóvil sea visto como la última opción y no como la principal, tanto por los ciudadanos como por el propio gobierno. Eso está muy lejos de ocurrir, con o sin nuevo reglamento vial.
Lo que las nuevas reglas de tránsito sí podrían generar es una ciudad más segura. Por ejemplo, si los nuevos límites de velocidad son respetados, si los semáforos dejan de ser tratados como decoraciones, si los cruces peatonales son considerados casi como sagrados (como es el caso en otros países), etcétera, los accidentes de todo tipo se reducirían. Y eso sería un logro muy valioso.
Para que lo anterior ocurra, es indispensable que el reglamento sea aplicado. Es crucial también que la gente entienda, por citar un caso, que los cruces peatonales se tienen que respetar no porque sea ilegal bloquearlos sino porque, para los peatones, es muy peligroso que no estén libres de autos. Este es el reto principal que hay que superar para que la nueva reglamentación propicie una ciudad más segura (de hecho, es el reto siempre que se trata de aplicar la ley, como ya mencioné en un párrafo previo).
En pocas palabras, el nuevo reglamento de tránsito puede ser entendido como una reforma estructural (sí, como las que se han hecho a nivel federal y que tanto ha cacareado el gobierno de Peña Nieto). Como con toda reforma de este tipo, lo más fácil es redactar las nuevas leyes y publicarlas. Lo difícil, e indispensable para que las reformas produzcan los resultados que se supone producirán, es que la ley sea aplicada plenamente. Me temo que estamos muy lejos de esto y que, en unos años más, se introducirá, otra vez, un nuevo reglamento vial que, se nos dirá, ahora sí será lo que se requiere.
¿Es muy difícil entender que lo que se requiere realmente es que aprendamos a vivir en la legalidad?
Twitter: @aromanzozaya
