El costo de la bananez
Hace unos días, un bebé de nombre Leonardo cayó en una coladera sin tapa ubicada en la calzada Ignacio Zaragoza, Distrito Federal, y perdió la vida. Semanas antes, en esa misma coladera, un motociclista se accidentó y, un mes atrás, un niño salió disparado por el ...
Hace unos días, un bebé de nombre Leonardo cayó en una coladera sin tapa ubicada en la calzada Ignacio Zaragoza, Distrito Federal, y perdió la vida. Semanas antes, en esa misma coladera, un motociclista se accidentó y, un mes atrás, un niño salió disparado por el parabrisas de un microbús cuando el chofer de éste tuvo que frenar para evitar caer, precisamente, en esa coladera.
Testigos de lo que le ocurrió a Leonardo aseguran que él iba en su carriola, la cual era empujada por su madre. Cuando estaban cruzando la calle, un automóvil se pasó el alto. Esto provocó que la mamá de Leonardo moviera la carriola bruscamente, con el fin de evitar que el coche en cuestión la golpeara, lo cual provocó que Leonardo terminara en la alcantarilla.
Lo que le pasó a Leonardo es una absoluta tragedia. Es asimismo irritante, exasperante. Y es que Leonardo debería estar vivo, con sus papás, en su casa; lo que le sucedió era totalmente evitable: el gobierno de la Ciudad de México sabía ya de la coladera. Por eso, el señor Mancera ha prometido que habrá una sanción para el funcionario que no atendió el reporte correspondiente. Pero más allá de que es obvio que las autoridades no actuaron y, en consecuencia, la alcantarilla siguió y siguió sin tapa, ¿por qué, por principio de cuentas, hay coladeras destapadas por todo el DF? ¿Por qué el gobierno tarda y tarda en repararlas? Todo se reduce a nuestra infame, y muy costosa, bananez.
Para empezar, el robo de tapas de alcantarillas es cotidiano. ¿Por qué? Por la impunidad (bananez de las autoridades) y por la inconsciencia de quienes cometen el robo (bananez de, por lo menos, una parte de la ciudadanía). Para seguirle, la gente está tan habituada a que las coladeras estén destapadas que, en vez de reportarlas, las señalan con la rama de un árbol. Ahora bien, los ciudadanos están acostumbrados a que las alcantarillas no tengan tapas porque, insisto, las autoridades no hacen su trabajo y las dejan destapadas por meses, incluso cuando ya las tienen detectadas.
Y así nos la pasamos hasta que un niño muere al caer al drenaje. Ah, pero eso sí, ya el Gobierno del DF pagó el funeral de Leonardo y tapó la coladera. También se habla ya de que el robo de tapas de alcantarilla será un delito grave. ¿Para qué servirá esto cuando, por principio de cuentas, la ley no se aplica?
Como colectividad, estamos muy lejos todavía de ser de primer mundo. En vez de ello, nos encontramos atrapados en un ciclo interminable de comportamientos bananeros que, a su vez, conducen a situaciones costosas, trágicas, tristes, injustas. Por ello es que en nuestro país ocurren casos como el de los encuestadores linchados o el de los normalistas de Ayotzinapa. También por esto es que suceden las Casas Blancas y los viene-viene. Es igualmente por la bananez que nos caracteriza que nunca falta el vecino que le hace la vida imposible a todo su condominio, el que saca la basura de su casa a la esquina de la calle, etcétera, etcétera.
Mientras no aprendamos a valorar la ley, a apreciar lo público y a respetarnos, jamás superaremos nuestra condición de país bananero. Y mientras sigamos enclaustrados en la bananez, continuaremos encarando costos que pueden ser incluso trágicos, como el caso de Leonardo, y muchos otros, lo ilustran.
¿Necesitamos que otro niño caiga en una coladera para decidirnos a mejorar? ¿Que más personas sean linchadas? ¿Que más funcionarios compren casas en circunstancias más que cuestionables? ¿Qué necesitamos que pase para abrir los ojos? ¿Qué?
Twitter: @aromanzozaya
