Asesinato en Valle Dorado

Se llamaba José Luis Espinoza Torres. No tenía ni 42 años. Era un mexicano trabajador, decente. Sus amigos y familiares lo apreciaban y querían. Ya no está entre nosotros; el día 17 de septiembre, unos malnacidos lo mataron en su propia casa, enfrente de su esposa e ...

Se llamaba José Luis Espinoza Torres. No tenía ni 42 años. Era un mexicano trabajador, decente. Sus amigos y familiares lo apreciaban y querían. Ya no está entre nosotros; el día 17 de septiembre, unos malnacidos lo mataron en su propia casa, enfrente de su esposa e hijos.

José Luis vivía en la calle de Atenas del fraccionamiento Valle Dorado, Estado de México. Quienes lo asesinaron habían entrado a su vivienda a robar. Ésta no era la primera vez que José Luis y su familia padecían a la delincuencia: en diciembre, les arrebataron su camioneta a mano armada. Y en 2013 y 2014, se metieron igualmente a su casa para robarles. José Luis levantó denuncias. Hoy está muerto.

Lo ocurrido a José Luis Espinoza es una auténtica desgracia. Sin embargo, lamentablemente, no debe sorprendernos: el Estado de México es una de las entidades más inseguras del país: los homicidios, secuestros, extorsiones, robos, asaltos en el transporte público, etcétera, son cotidianos. También lo son la corrupción, la incompetencia y la desidia de parte de las “autoridades”.

Dicho lo anterior, una cosa es que los niveles de violencia que se registran en el Estado de México (y en muchas otras partes del país) ya no sorprendan, y otra que no causen indignación, frustración, coraje. Y es que, mientras en Valle Dorado la delincuencia hace y deshace, el señor Eruviel Ávila, gobernador del estado en cuestión, se dedica a hacerse publicidad. Por ejemplo, nos repite una y otra vez que, gracias a él, perdón, a su administración, estudiantes mexiquenses son becados para continuar con sus estudios en el extranjero. Ante esto, me pregunto lo siguiente: ¿de qué les va a servir a estos jóvenes mexiquenses el prepararse y crecer si, a su regreso al Estado de México, tal vez los asesinen en su misma casa o en un microbús?

Es muy probable que usted, amigo lector, ni siquiera había escuchado o leído sobre el asesinato de José Luis Espinoza Torres. Pero seguramente sí se enteró de que, en Egipto, varios turistas mexicanos perdieron la vida a manos de tropas egipcias quienes, supuestamente, confundieron a dichos turistas con terroristas. Cuando esto ocurrió, nuestro gobierno federal se declaró indignado, enojado, y exigió explicaciones a su contraparte egipcia.

¡Qué bueno que el presidente Peña y su gobierno reaccionaran así ante lo ocurrido en Egipto; lo celebro! Pero, ¿dónde están la indignación, la frustración, los reclamos, las exigencias cuando se trata de mexicanos que son asesinados, secuestrados, extorsionados, traficados, etcétera, aquí en nuestra propia casa, dentro de nuestras fronteras? Por ejemplo, ¿por qué la administración federal no exige a Eruviel Ávila una investigación profunda sobre lo que le ocurrió a José Luis Espinoza Torres? ¿Por qué no hay condenas de parte de Peña Nieto con relación a este crimen y con relación a los miles de delitos, muchos de ellos de alto impacto, que tienen lugar todos los días a lo largo y ancho del país?

El asesinato de José Luis Espinoza Torres no fue noticia de primera plana; tampoco se habló del mismo en todos los medios todo el tiempo; tan sólo un par de periódicos dedicaron unos párrafos a lo ocurrido. ¿Por qué? Porque, desgraciadamente, el crimen, los homicidios, las violaciones, las extorsiones son ya tan cotidianos que no son noticia; no se ubican fuera de lo ordinario.

País inseguro y totalmente habituado a la inseguridad. Autoridades indolentes que se preocupan más por hacerse las valientes ante el exterior que por servir de verdad a los mexicanos. Así es imposible salir adelante. Pobre México.

                Twitter: @aromanzozaya

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