Atrapados en el subdesarrollo

En su mensaje con motivo del Tercer Informe de Gobierno, el presidente Enrique Peña describió un país que va por muy buena ruta, que pronto será potencia y en el que el gobierno no necesita autoevaluarse ni, mucho menos, está obligado a dar explicaciones a la ...

En su mensaje con motivo del Tercer Informe de Gobierno, el presidente Enrique Peña describió un país que va por muy buena ruta, que pronto será potencia y en el que el gobierno no necesita autoevaluarse ni, mucho menos, está obligado a dar explicaciones a la sociedad.

A los pocos días de que el Presidente dijo todo esto, en el Distrito Federal, una tormenta resultó en sendos “encharcamientos”: la ciudad se colapsó. Según las autoridades, los “encharcamientos” son atribuibles a que la gente tira basura en la calle; la insuficiencia del drenaje (responsabilidad del gobierno de la ciudad) no tiene nada que ver, al parecer.

Unos días antes de que el presidente Peña nos dijera lo bien que va nuestro país, se dio a conocer que, en el DIF de Sonora —sí, el mismo estado en donde hace unos años fallecieron casi 50 niños en el incendio de la guardería ABC, tragedia por la cual ningún funcionario público, ni nadie, ha encarado consecuencias—, opera una red de tráfico-venta de menores. Lo repito: tráfico-venta de menores.

De igual forma, en paralelo a las palabras de Enrique Peña Nieto, nos enteramos de que uno de los supuestos asesinos de cinco personas en la colonia Narvarte, DF, fue atendido en la Cruz Roja hace unos días, es decir, cuando era una de las personas más buscadas del país, porque recibió un balazo en la pierna en un asalto (según él). No fue detenido en ese momento, es decir, lo atendieron y luego lo dieron de alta como si se tratara de una persona cualquiera. También supimos que, el mismo día del asesinato en cuestión, dos de los presuntos victimarios fueron detenidos por una patrulla cuando circulaban, sin cinturón de seguridad, en el auto de una de las personas a las que se supone acababan de privar de la vida. Los policías los dejaron ir sin revisarlos, incluso a pesar de que, según uno de los propios supuestos criminales, él y su acompañante estaban muy nerviosos.

En pocas palabras, mientras el Presidente de la República se esmeraba en decirle al mundo lo maravilloso que es México, la realidad se impuso: estamos sumidos en el subdesarrollo. Por eso, mientras ocurre todo lo que acabo de describir (y muchísimas otras tragedias, desastres, la Casa Blanca, etcétera), el titular del Ejecutivo se atreve a decir que estamos muy bien.

Pero eso no es todo: porque la gente tira basura en la calle, mostrando total inconsciencia sobre lo público y el prójimo, y porque el gobierno, en este caso el del DF, es incapaz de aplicar la ley (la que prohíbe tirar basura en la vía pública) y de mejorar la red del drenaje, la Ciudad de México se inunda cuando hay lluvias. Asimismo, porque la ley es letra muerta y hay funcionarios que son unos delincuentes, hay redes de tráfico de menores en el DIF. Igualmente, porque los policías son incompetentes y, en algunos casos, operan del lado de los criminales, y porque ni siquiera tenemos una red de información policial confiable, una persona que, en principio, está siendo buscada por las autoridades, es atendida en un hospital por un balazo y nadie se entera de que se trata de un presunto asesino. De igual forma, justamente por esto también es que dos supuestos homicidas son detenidos por la policía para luego dejarlos ir como si nada.

Todo esto, todo lo que padecemos, todo lo que merma la calidad de vida de los mexicanos en todo sentido, es producto de una cosa y sólo de una cosa: nuestra total incapacidad para escapar del subdesarrollo. Y no me refiero nada más al gobierno: es cuestión de todos. ¿Acaso estamos condenados?

                Twitter: @aromanzozaya

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