Cumplirle a México
El día de ayer, en el marco de la reunión priista nacional denominada “Unidad para la transformación”, el presidente Peña Nieto destacó que, para los priistas, “son tiempos de trabajar y de cumplirle a México”. Dijo asimismo que el PRI “es el partido que ...
El día de ayer, en el marco de la reunión priista nacional denominada “Unidad para la transformación”, el presidente Peña Nieto destacó que, para los priistas, “son tiempos de trabajar y de cumplirle a México”. Dijo asimismo que el PRI “es el partido que mejor representa a los mexicanos” y que, palabras más, palabras menos, hay que tener cuidado con los “liderazgos populistas y demagógicos”.
Lo primero que deseo resaltar respecto a lo anterior es que resulta inadmisible que, en un país que se dice democrático y que —uno supondría— aspira a convertirse en una nación de primer mundo, ocurran eventos de “apoyo” al Presidente de la República como el que tuvo lugar ayer en el PRI. Y es que en la sede del priismo se reunieron gobernadores, legisladores, alcaldes, miembros del gabinete y militantes —todos ellos pertenecientes al PRI, por supuesto— con el objetivo explícito de adorar a Enrique Peña Nieto, es decir, de aplaudirle, de ovacionarlo, de rendirle pleitesía. Esto es digno de república bananera, de verdad (ah, pero eso sí, hay que tener “cuidado” con los liderazgos “populistas y demagógicos”).
En segundo lugar, quiero subrayar que me parece muy positivo que el propio Presidente de la República esté al tanto de que él y su partido no le han cumplido a México. Sin embargo, honestamente, no les creo que, ahora sí, le van a cumplir al país. De hecho, preferiría que, en vez de más y más promesas, el Presidente de la República presentara su renuncia. ¿Por qué? Porque no han mantenido la promesa que hizo al tomar posesión de su cargo: cumplir y hacer valer la ley. Ahí están, por ejemplo, el asunto de la Casa Blanca, la fuga de El Chapo y los interminables desmanes de la CNTE. En todos estos casos, el Poder Ejecutivo se ha mostrado inoperante, débil, incapaz de resolver problemas complejos con tino, prontitud y eficacia, así como totalmente ajeno a la aplicación de la ley.
En tercer lugar, considero un insulto que el titular del Poder Ejecutivo sostenga que el PRI es el partido que “mejor representa a los mexicanos”. Yo no sé usted, amigo lector, pero yo no me siento representado por el PRI. De hecho, ningún partido político me satisface. Pero el punto central no es ese sino que el PRI —aunque no sólo el PRI, obvio— encarna la corrupción, el “amiguismo,” el tráfico de influencias y, en general, una cultura de la ilegalidad que ha sido sumamente dañina para el país. Y si bien es verdad que hay mexicanos que, efectivamente, piensan que la ley no sirve de nada y que “el que no transa, no avanza”, los cuales están muy bien representados por el PRI (y otros partidos), también hay mexicanos que pensamos totalmente lo opuesto. ¿De dónde saca, entonces, Enrique Peña Nieto que el PRI es el partido que “mejor representa a los mexicanos”? ¿Por qué nos etiqueta a todos de priistas? ¡Vaya atrevimiento!
Por último, retomo el asunto de los liderazgos “populistas y demagógicos”. Es cierto que este tipo de liderazgos no constituyen la mejor alternativa, pero, ¿ya se nos olvidó que, bajo el gobierno de Peña Nieto, la deuda pública ha aumentado considerablemente? ¿Ya se nos olvidó también que los gobiernos “populistas” tienden, justamente, a incrementar dicha deuda? Asimismo, insisto: ¿no es acaso pura demagogia y puro populismo el tener “reuniones” cuyo único objetivo es adorar al líder en turno? ¿No se mordió la lengua Enrique Peña Nieto al hablar sobre gobiernos demagógicos y populistas?
Dicen Peña Nieto y los priistas que son tiempos de “cumplirle a México”. ¿Lloramos o reímos al respecto, estimado lector?
Twitter: @aromanzozaya
