Sí a las candidaturas independientes

Tenía yo nueve años. Recuerdo con precisión la noticia: un guerrerense de nombre Rodolfo Neri Vela participó en una misión de la NASA y se convirtió en el primer astronauta mexicano. Casi 31 años después, Neri Vela ha retornado a las primeras planas de los diarios: ...

Tenía yo nueve años. Recuerdo con precisión la noticia: un guerrerense de nombre Rodolfo Neri Vela participó en una misión de la NASA y se convirtió en el primer astronauta mexicano. Casi 31 años después, Neri Vela ha retornado a las primeras planas de los diarios: ha anunciado que quiere ser Presidente de México; planea hacerlo por medio de una candidatura independiente.

Y así como Neri Vela, el actual jefe de Gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera, y la panista Margarita Zavala han expresado que, ellos también, buscarán la Presidencia de la República y, si bien no lo dijeron explícitamente, dejaron ver que, de ser necesario, lo harán por la vía de las candidaturas independientes.

Honestamente, hasta hace poco, tenía muchas dudas sobre las candidaturas independientes. Sin embargo, los resultados de las recientes elecciones y los destapes”de los tres personajes arriba mencionados me han hecho cambiar de opinión. No quiero decir que Neri Vela, Mancera o Zavala sean buenos candidatos a la Presidencia (ése es otro tema) sino que la introducción de las candidaturas sin partido, incluso a pesar de todas las barreras que enfrentan quienes buscan ser candidatos independientes, han cambiado los incentivos que encaran no sólo los partidos sino todos los actores políticos.

Por ejemplo, uno esperaría que, a partir de ahora, los partidos políticos se comporten de manera cada vez más seria. Si no lo hacen, los ciudadanos que están hartos de ellos respaldarán a candidatos independientes. En otras palabras, las candidaturas no adheridas a partido alguno tienen el potencial de servir como instrumento de control de la ciudadanía frente a los partidos. Esto es algo en verdad promisorio; no debemos soslayarlo.

Claro está que habrá quienes piensen que las candidaturas sin partido serán más bien anecdóticas o que podrían llegar a ser tantas —aunque esto es difícil pues los requisitos que exige la ley para registrar a un candidato independiente no son pocos— que sólo servirán para atomizar el voto o, en su defecto, para nada. Sin embargo, el punto no es cuántas candidaturas independientes haya, o si todas son exitosas, sino que la sola posibilidad de contender en una elección sin el respaldo de un partido abre la puerta a que grupos de poder respalden al candidato que ellos deseen sin tener que negociar con partido alguno. Y eso, justamente eso, es lo que ha cambiado la forma en que, a partir de ahora, se hará política en México.

Lo anterior tiene un lado negativo: cualquier grupo de poder podría hacer lo indicado. Por citar un caso, incluso los delincuentes estarían en posibilidades de respaldar a “sus” candidatos. No obstante, esto ya ocurre. Así, la solución no sería revertir las candidaturas independientes sino aplicar el marco legal, y seguir mejorándolo, con el objetivo de que los criminales no influyan en los procesos electorales.

Aclaro que no estoy idealizando las candidaturas independientes. Es evidente que, para arreglar al país, se requiere mucho más que éstas. Pero, considerando que uno de los principales problemas de México está dado por el hecho de que los partidos políticos son poco confiables, poco democráticos y suelen operar al borde de la legalidad si no es que totalmente fuera de la ley, si las candidaturas sin partido coadyuvan a que los partidos se refinen en sus formas, métodos, planteamientos y comportamiento, el país habrá dado un paso hacia delante.

Sean bienvenidas, pues, las candidaturas independientes. Ojalá que nos den lo que muchos esperamos de ellas.

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