Gobernar es cosa seria

El gobierno, aplastando la Constitución, decidió anular la Reforma Educativa con fines electorales.

Ahora resulta que siempre no: la Reforma Educativa no ha sido suspendida. De hecho, se supone que, por fin, va a ser aplicada a plenitud. ¿Será casualidad que la “suspensión” sólo duró el fin de semana en el que el país acudió a las urnas? Obviamente que no: el gobierno, aplastando la Constitución, decidió anular la reforma con fines electorales. Eso fue lo que ocurrió: nada más y nada menos.

¿Es una buena noticia que la reforma en cuestión haya sido reactivada? En principio sí, pero, está por verse que de verdad sea llevada a la práctica pues, al parecer, la jugada de las autoridades no rindió los frutos esperados: incluso a pesar de la anulación de la Reforma Educativa, la CNTE sigue en las calles. Asimismo, no se ve para cuándo pondrá fin a sus protestas y acatará las nuevas reglas o, en su defecto, el gobierno hará valer el marco legal.

Pero más allá de que sólo el tiempo dirá si es cierto que, ahora sí, la Reforma Educativa se concretará, su “suspensión” y su eventual reactivación envían una pésima señal: el Presidente y su equipo están dispuestos a violar la Constitución y a manejar asuntos delicados e importantes, como el futuro de los niños de México, de acuerdo al calendario electoral y a las necesidades políticas del PRI.

¿Qué sigue? ¿Antes de la elección de 2018 serán “suspendidas” las reformas en telecomunicaciones, energética y, otra vez, la educativa? ¿El presidente Peña Nieto y sus colaboradores estarán muy al pendiente de qué cambios estructurales hay que “suspender” para que, en los siguientes comicios, al PRI no le vaya terriblemente mal? ¿Dónde queda la credibilidad de nuestras autoridades cuando es evidente que están dispuestas a bloquear las reformas que ellas mismas impulsaron y, con bombo y platillo, anunciaron y definieron como el motor que “movería a México”?

De hecho, durante lo que resta del sexenio, ¿cuál es el margen real de maniobra para la actual administración federal después de que, por un lado, está teñida de un tufo de corrupción desde que el asunto de la Casa Blanca se hizo público y, por otro lado, insisto, exhibe poca seriedad con relación a las reformas estructurales?

Considerando que el gobierno cuenta con poca credibilidad —inclusive, para muchos mexicanos, Enrique Peña Nieto cuenta con credibilidad cero— y que, además, hace con la Constitución lo que, literalmente, le parece conveniente, me parece que los siguientes tres años pasarán a la historia como totalmente inútiles para el país (espero estar totalmente equivocado, por cierto). Es más, aspirar a que, en el trienio 2015-2018, México camine de mejor manera no es sino una ilusión; sería más útil concentrarnos en que los ambientes socioeconómicos y políticos ya no se deterioren y evitar así que, en 2018, explote una crisis de fin de sexenio.

Este gobierno inició muy bien: logró el Pacto por México y concretó cambios legislativos sumamente importantes. Pero el propio Peña Nieto y quienes le rodean han socavado lo que habían construido: varios de ellos han caído en situaciones que, por lo menos, constituyen graves conflictos de interés. Además, no supieron qué hacer al respecto una vez que los mexicanos nos enteramos sobre dichas situaciones. Esto les restó legitimidad, credibilidad y capacidad de acción. Lo peor: con el poco margen de maniobra que les quedó, mataron y luego revivieron a la Reforma Educativa, es decir, hicieron a un lado a la Constitución y pusieron en juego a las reformas estructurales.

Sí: la presente administración comenzó por buen camino. Pero ahora va por una ruta peligrosa y lleva al país de la mano: ¡cuidado!

Twitter: @aromanzozaya

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