Franela mata Estado

La semana pasada, en redes sociales circuló un video en el que se aprecia a un policía del Distrito Federal recibiendo dinero de parte de un “vieneviene”. He leído comentarios al respecto, según los cuales, esto es algo que todos sabemos que ocurre. Es obvio que los ...

La semana pasada, en redes sociales circuló un video en el que se aprecia a un policía del Distrito Federal recibiendo dinero de parte de un “viene-viene”. He leído comentarios al respecto, según los cuales, esto es algo que todos sabemos que ocurre.

Es obvio que los “viene-vine” o franeleros están coludidos con los policías. De otra forma, sería imposible que operen; su actividad es ilegal y ocurre en la vía pública. Preguntemos, pues, lo siguiente: si estamos al tanto de esta colusión y entendemos que se trata de algo fuera de la legalidad, ¿por qué continúa ocurriendo?

En primera instancia, porque somos el reino de la impunidad. Los policías y los franeleros saben que la ley no los castigará por sus actos. Los ciudadanos lo sabemos también. Así, nadie se molesta en denunciar formalmente este tipo de actividades. ¿Para qué hacerlo si para lo único que va a servir es para perder tiempo, hacer corajes y, especialmente, exponerse a represalias?

En segundo lugar, porque los “viene-viene”, aunque ilegales, son útiles: para muchos, es preferible pagarle a un franelero que cubrir la tarifa de un estacionamiento. Asimismo, en partes de la ciudad en las que la falta de espacios para estacionarse es muy aguda, los automovilistas incluso dejan las llaves de sus autos con los franeleros, quienes no sólo tienen a la mano lugares disponibles sino que los administran al mover vehículos de un sitio a otro.

En pocas palabras, dado que en el DF hay millones de automóviles y siempre es necesario estacionarlos, para muchas personas los “viene-viene” son una solución más que un problema. Y es que, repito, todos sabemos que, si bien los franeleros están fuera de la ley, nadie hará nada al respecto, por lo que, para muchos ciudadanos, el costo de sus servicios es menor que su beneficio (sin embargo, sí hay quienes se niegan a recurrir a los “viene-viene” y prefieren pagar un estacionamiento).

Pero incluso asumiendo que los franeleros son útiles, esto no quita que, por principio de cuentas, el “franelismo” es ilegal y, además, que es correcto que éste sea el caso; los “viene-viene” conllevan costos importantes: los franeleros suelen extorsionar a los automovilistas, no respetan los espacios públicos en los que no se deben estacionar autos, mueven vehículos sin ser responsables de los mismos y bloquean las entradas de casas/edificios, por lo menos.

Sin embargo, el costo más grande que generan los “viene-viene” es que refuerzan la idea, y la realidad, de que somos un país de impunidad. Así, los policías se habitúan a recibir sobornos y los ciudadanos se acostumbran a que la policía se coluda con quienes rompen la ley. De igual manera, cotidianamente, todos confirmamos que presentar denuncias no sirve de nada y que, lo que sí sirve, y mucho, pues es redituable, es hacerle al “franelero,” es decir, quebrar el marco legal, corromper a las autoridades y ubicarse al margen de los ordenamientos que, se supone, están en pie para que vivamos de mejor manera.

Ah, pero eso sí: ahí andamos luego poniendo el grito en el cielo porque estamos plagados de secuestradores, violadores, asesinos y extorsionadores, así como de políticos y partidos políticos que se la viven fuera de la ley. Perdón, pero, si un “franelero” tiene el poder de reventar el marco legal, corromper policías y hasta “venderse” como útil y necesario para muchos ciudadanos, ¿qué esperanza tenemos de contener la violencia, la depredación, la corrupción y muchos otros de nuestros males?

En México, “franela mata Estado”. ¿Ya entendimos por qué somos el país que somos?

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