Reformas: ¿ahora sí?
¿Por qué no han sido despedidos los maestros de la CNTE que han faltado por más de tres días a trabajar sin causa mayor de por medio?
En su edición más reciente, el semanario británico The Economist dedica dos artículos a México. En el primero de ellos se indica que, por un lado, la calidad de la educación en nuestro país es terriblemente pobre y que, por otro lado, la CNTE ha doblegado al gobierno de Enrique Peña Nieto: en al menos un puñado de estados de la República, la muy festejada Reforma Educativa es, simplemente, letra muerta. Esto podría abrir la puerta, según The Economist, a que los maestros que, hasta ahora, no se han declarado en contra de la reforma lo hagan y a que, de igual manera, diversos grupos que no están de acuerdo con el resto de reformas recientemente aprobadas busquen revertir las mismas.
En el segundo artículo en cuestión se señala que es muy positivo que Servando Gómez Martínez, alias la Tuta, y Omar Treviño Morales, también conocido como el Z-42, hayan sido arrestados la semana pasada. Sin embargo, estos logros en materia de seguridad no conllevan que la sombra del caso de Iguala-Ayotzinapa no cubra más a la administración Peña; dicho caso sigue vigente.
No es casualidad que The Economist haya brindado atención a México y que lo haya hecho para subrayar lo ya comentado pues, durante su reciente visita de Estado al Reino Unido, el presidente Peña Nieto se dedicó a ensalzar las “reformas estructurales”. De hecho, una y otra vez apuntó que éstas son un gran avance y que nadie las detendrá. Incluso, como lo apunta Raymundo Riva Palacio en una columna publicada hace unos días en El Financiero, al hablar ante la Cámara de los Lores, Enrique Peña citó uno de los discursos más emblemáticos de quien ha sido, quizá, el más representativo de los políticos británicos: Winston Churchill. En tal discurso, el cual Churchill pronunció como Primer Ministro cuando su país se encontraba en plena Segunda Guerra Mundial, el entonces líder del Reino Unido pide a sus conciudadanos no rendirse jamás y les asegura que, si todos pelean al unísono, si todos hacen lo que les corresponde, vencerán.
No sé si los asesores de Peña Nieto quisieron comparar a éste con Churchill. Lo que sí está claro es que, el haber citado el mencionado discurso, fue un desatino: el Reino Unido enfrentaba un conflicto con Alemania, Italia y Japón… y logró salir adelante. Asimismo, Churchill gozaba no sólo del apoyo de sus gobernados sino de su admiración. El gobierno de Peña Nieto, por su parte, no puede siquiera meter en orden a la CNTE y, a pesar de detener a importantes criminales, cuenta con poquísima credibilidad… justo los dos puntos que, con gran puntería, enfatiza The Economist en su número recién publicado.
Si el gobierno desea que las reformas aprobadas no sólo no sean “tumbadas” por poderes fácticos sino que rindan, es apremiante que, más allá de discursos, vestidos de miles de pesos, fracs, comitivas de doscientas personas para una visita de Estado de un par de días, etcétera, la ley sea aplicada. Por ejemplo, ¿por qué no han sido despedidos los maestros de la CNTE que han faltado por más de tres días a trabajar sin causa mayor de por medio? ¿Por qué se les pagaron salarios que, de acuerdo con el propio marco legal, no deberían haber sido cubiertos?
Mientras la aplicación de la ley continúe siendo selectiva y esté subordinada a los tiempos y a los objetivos políticos, y mientras —además— esté claro que el Presidente y los secretarios de despacho se puedan involucrar en transacciones resultantes en nítidos conflictos de interés (no olvidemos las casas de Higa) sin sufrir consecuencia alguna, no habrá credibilidad. Y sin ésta, las reformas no funcionarán. Es más, es posible inclusive que terminen por ser “reventadas”, situación que no conviene no sólo al gobierno sino al país (las reformas, si bien mejorables, sí son necesarias).
La ruta a seguir es muy clara. ¿El Presidente y su equipo la harán propia o continuarán a merced de quienes rechazan los cambios que el propio Peña Nieto presume pero de los que, en el fondo, México carece? A ver, pues.
Twitter:@aromanzozaya
