Ebrard: ¿la ley a secas?

Marcelo Ebrard inició su carrera política en el PRI. En concreto, se formó durante el salinismo, al amparo de Manuel Camacho. Cuando, en 1994, éste no fue favorecido por Salinas para ser el candidato del priismo a la Presidencia de la República, el propio Camacho y ...

Marcelo Ebrard inició su carrera política en el PRI. En concreto, se formó durante el salinismo, al amparo de Manuel Camacho. Cuando, en 1994, éste no fue favorecido por Salinas para ser el candidato del priismo a la Presidencia de la República, el propio Camacho y Ebrard se embarcaron en un viaje que, eventualmente, los conduciría a dejar el PRI e incorporarse al PRD, partido al cual, por cierto, combatieron fervientemente durante la administración salinista.

Ya en el PRD, Ebrard Casaubon supo colocarse debajo de la sombra de López Obrador, quien lo arropó, protegió y promovió al punto de hacerlo jefe de Gobierno del Distrito Federal. Por ejemplo, cuando López Obrador estaba al frente de la Ciudad de México, nombró a Ebrard titular de la Policía de la ciudad. Fue en esos entonces cuando, por negligencia, por desidia, por incapacidad o por una mezcla de todo ello, Marcelo Ebrard no hizo nada para impedir que un par de policías federales fueran linchados en Tláhuac. En consecuencia, el entonces presidente Fox lo removió de la Secretaría de Seguridad Pública del DF. Sin embargo, López Obrador lo rescató poniéndolo al frente de la Secretaría de Desarrollo Social de la ciudad.

Cuando Ebrard ocupaba la jefatura de Gobierno del DF, la Policía de la que él, en última instancia, era responsable, provocó la muerte de varios jóvenes en el “antro” conocido como New’s Divine. Justo como lo hizo cuando ocurrió el linchamiento ya mencionado, Marcelo Ebrard evadió toda responsabilidad al respecto.  Simple y sencillamente, removió al entonces jefe directo de la Policía (Joel Ortega) y, como también lo hiciera con relación a los hechos en Tláhuac, se dedicó a vociferar que todos los señalamientos en su contra estaban motivados políticamente.

Ahora, cuando ha quedado claro que la obra magna del sexenio de Marcelo Ebrard al frente de la Ciudad de México, es decir, la Línea 12 del Metro, está mal hecha, salió carísima, no sirve, etcétera, el señor Ebrard nos sale, de nueva cuenta, con la cantaleta ya conocida: cualquier exigencia de que encare sus responsabilidades y pague las consecuencias de las mismas es un ataque político y nada más, según él. Por ello, inclusive, él mismo decía, hasta hace unos días, que no necesita ser diputado y obtener así fuero: como, de acuerdo con él mismo, no debe nada, entonces no teme nada.

Resulta difícil creerle a Ebrard. Su historial es el de un camaleón, el de un funcionario incapaz e incompetente. Además, si bien decía no necesitar fuero, bien que buscó que el PRD lo hiciera diputado y, cuando esto no le funcionó, corrió a los brazos de Movimiento Ciudadano (un cambio más de camiseta, pues. ¿Al rato hasta panista será Ebrard Casaubon?).

Pero eso no es lo peor: lo más triste de todo es que, en el fondo, Ebrard tiene razón cuando dice que es víctima de ataques políticos. Con esto no lo estoy defendiendo. De hecho, creo que es responsable de la desgracia que es la Línea 12 del Metro. Pero, vamos, ¡esto es México, país en el que la ley se aplica selectiva y políticamente! Así, obvio que los rivales de Ebrard han encontrado una mina de oro con lo del Metro. Y obvio también que el propio Ebrard así lo entiende, por lo que le urge gozar de fuero.

En todo caso, quiero enfatizar lo siguiente: Ebrard tiene cola que le pisen. Lo que ocurre es que sólo hasta ahora es que ha resultado conveniente, para varios actores, pisársela y, especialmente, hacerlo bajo el manto de supuestamente desear, sencillamente, aplicarle la ley. De esta manera, si Marcelo Ebrard terminase por encarar consecuencias legales por lo de la infame Línea 12, no será esto un triunfo del Estado de derecho sino una más de las ocasiones en las que éste es utilizado para, oportunamente, aplastar a un político caído en desgracia.

Eso sí: diga lo que diga Ebrard, ingenuos tendríamos que ser para pensar que en su contra no hay nada sino factores políticos. Eso no se lo cree ni él.

Twitter: @aromanzozaya

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