Explosión de gas: típico
Una pipa de gas surtía la cocina del Hospital Materno Infantil ubicado en Cuajimalpa. Segundos después, se registró una terrible explosión. Más de la mitad del hospital se colapsó. Varias personas, incluidos pequeñitos recién nacidos, perdieron la vida. Muchas otras ...
Una pipa de gas surtía la cocina del Hospital Materno Infantil ubicado en Cuajimalpa. Segundos después, se registró una terrible explosión. Más de la mitad del hospital se colapsó. Varias personas, incluidos pequeñitos recién nacidos, perdieron la vida. Muchas otras resultaron heridas.
La compañía a la que pertenecía la pipa en cuestión se llama Gas Express Nieto. Lamentablemente, ésta no es la primera ocasión en la que una de sus pipas genera una tragedia: hace seis meses, en Querétaro, otro de sus tanques móviles estalló; tres personas fallecieron.
Desde 2007, Gas Express Nieto es contratista del gobierno del DF. Por ejemplo, 37 hospitales a cargo de éste, incluido por supuesto el ya mencionado, son abastecidos por esta empresa, la cual tiene también como clientes a instancias del gobierno federal (Pemex, ISSSTE, IMSS) y a administraciones municipales.
Ahora bien, según Profeco, Gas Express Nieto ocupa el primer lugar nacional en número de quejas en el sector correspondiente y, en docenas de ocasiones, se ha negado a ser inspeccionada, es decir, desde hace tiempo, la autoridad no ha podido certificar si esta gasera opera dentro de las regulaciones pertinentes.
¿Cómo es posible que una empresa que, explícitamente, se niega a que la autoridad la inspeccione, y que ha causado desastres, sea una de las principales proveedoras de nuestros gobiernos? Vayámonos a algo más básico: si la empresa no ha sido verificada recientemente, ¿por qué se permite que opere del todo?
Pareciera increíble que una gasera como la descrita estuviera en funciones, sí. Sin embargo, no hay nada sorprendente en torno a este asunto: en México, es típico que las regulaciones no sean aplicadas, que las autoridades no hagan su trabajo, que los empresarios le den la vuelta a la ley, etcétera.
En otras palabras, todo indica que el accidente de hace unos días no es sino producto de la impunidad con la que operaba Gas Express Nieto. Sí, esa impunidad de la que la compañía ha gozado por años y de la que, por supuesto, se ha beneficiado ampliamente.
Impunidad, impunidad y más impunidad. La misma que permitió que, en Hermosillo, operara una guardería que violentaba varias, si no es que todas, las regulaciones que tenía que cumplir y en la que, a consecuencia de un incendio ocurrido hace cinco años, casi cincuenta niños murieron de manera absolutamente trágica. La que hace posible igualmente que la clase política posea casas, autos, joyas y dinero sin que quede claro que todas estas posesiones hayan sido adquiridas legítimamente. Sí, esa impunidad gracias a la cual los microbuses circulan en pésimas condiciones, los “viene-viene” son dueños de las calles, los secuestradores secuestran, los violadores violan y los asesinos asesinan.
Dado que somos un país en el que la impunidad es la reina, es entonces totalmente normal —es más, es de esperarse— que una pipa de gas opere sin ser inspeccionada, que surta gas como si nada, que se registre una fuga en una de sus mangueras (parece que ese fue el origen de la explosión en Cuajimalpa), que haya una explosión y que haya una catástrofe.
También es habitual que, después de los trágicos eventos, quienes se supone gobiernan, nos digan hasta el cansancio que, ahora sí, la ley se aplicará, las regulaciones se harán valer y nunca se repetirá algo como lo ocurrido. Por supuesto, esos mismos que dicen gobernar visitarán a quienes resultaron heridos y saldrán en la tele mostrándose “solidarios” y “al servicio” de los afectados… hasta que, de nueva cuenta, la impunidad provoque otro desastre.
Típico, pues, de un país subdesarrollado: no aprendemos que la ley existe para nuestra propia protección, así como para la de nuestro entorno, y que por eso es que hay que aplicarla. Por eso vivimos, y morimos, entre impunidad, corrupción, ilegalidad y desprecio por el prójimo y por lo público. Lo de siempre. Lo normal. Lo típico, insisto.
Twitter: @aromanzozaya
