Tomar casetas: esto es México
Es ya una costumbre que diversas casetas de las autopistas del país sean tomadas por personas que, rompiendo la ley, cobran “su cooperación” a los automovilistas que por ellas transitan. El gobierno no hace nada al respecto, nunca. De esta forma, quienes se hacen de ...
Es ya una costumbre que diversas casetas de las autopistas del país sean tomadas por personas que, rompiendo la ley, cobran “su cooperación” a los automovilistas que por ellas transitan. El gobierno no hace nada al respecto, nunca. De esta forma, quienes se hacen de estos puntos de cobro, recaudan ingresos millonarios. No es sorprendente, luego entonces, que, el día de ayer, en la caseta de Palo Blanco de la Autopista del Sol, dos grupos se hayan enfrentado a palos y piedras por el “derecho” de recibir las cuotas correspondientes.
Lo relevante del enfrentamiento en cuestión es que, por sí mismo, ilustra con toda nitidez el tipo de país que es México. Por un lado, un gobierno que jamás aplica la ley o, en el mejor de los casos, lo hace selectivamente, lo cual resulta en impunidad (¡y eso que el presidente Peña Nieto prometió que no se permitirían bloqueos a autopistas ni nada de esas cosas!). Por otro lado, ciudadanos que, ante la permanente impunidad, exhibiendo su nulo respeto por lo público y por los demás, hacen lo que les place.
Y es que así como ahora hasta hay pleitos para definir quién, quebrantando la legalidad, maneja las casetas de nuestras autopistas, también los hay para establecer quién controlará las rutas y territorios claves en el mundo de las drogas, por ejemplo. También hay disputas para precisar quién será el dueño de las calles de las ciudades y, en consecuencia, del negocio de cobrar, de nuevo ilegalmente, a los automovilistas por estacionarse en las mismas. Igualmente, hay enfrentamientos para delimitar quién ocupará los espacios en los que se instalará el comercio ambulante.
La impunidad resulta asimismo en que, en la Ciudad de México por citar un caso, los microbuses y muchos automovilistas quebranten el reglamento de tránsito infinitamente, incluso ante los complacientes ojos de los policías. De igual manera, la gente tira basura en las calles, en los parques, etcétera. Todo esto es resultado, lo enfatizo, de que el gobierno no trabaja adecuadamente, lo cual equivale a impunidad, situación que es aprovechada por quienes no saben respetar nada ni a nadie para comportarse de manera antisocial, lo cual les es provechoso.
Sí: así como la toma de casetas es producto de la ausencia de autoridad en conjunción con el desprecio por el otro y por lo público por parte de quienes sacan ventaja de la impunidad misma, pasarse un semáforo, tirar basura, secuestrar, traficar droga, plantarse en una calle y cobrar por dejar estacionarse en ella, etcétera, lo son también. Por eso, lo repito, lo que ocurrió ayer en la caseta de Palo Blanco es una representación clara del tipo de país que es el nuestro.
Por supuesto, la impunidad genera asimismo corrupción entre los políticos, los gobernantes, los jueces, los ministerios públicos, quienes obtienen grandes beneficios gracias a ella. Por eso, mientras que unos pelean por controlar una caseta, una calle, una ruta, otros se disputan las gubernaturas, las alcaldías, las diputaciones: en México, un cargo público representa una oportunidad de oro para quienes buscan enriquecerse y sacar provecho de la impunidad y de la corrupción.
Mientras no contemos con un gobierno de verdad, es casi imposible que las cosas cambien para bien. No quiero decir que los ciudadanos no tengamos responsabilidad alguna en lo que ocurre, que no seamos parte del problema. Pero, precisamente porque las personas no somos ángeles y siempre hay quien quiere abusar de todo y de todos, resulta crucial que haya autoridad. De lo contrario, esos abusadores, esos gandayas, encuentran terreno fértil para hacer de las suyas, lo cual les resulta tan pero tan ventajoso que sólo lo dejan de hacer cuando otros gandayas los desplazan. En consecuencia, la única ley que termina por valer es la del más fuerte, como en la selva.
Pobre país: sin gobierno, sin legalidad. Así no se puede.
Twitter: @aromanzozaya
