Wall Street Journal: otro bravucón
Soy un bravucón que no entiende que “las instituciones” nos van a sacar de la crisis que atravesamos. Asimismo, formo parte de esa “plaza pública” que pide “sangre y espectáculo”. Y es que estoy convencido de que el asunto de la Casa Blanca le ha quitado al ...
Soy un bravucón que no entiende que “las instituciones” nos van a sacar de la crisis que atravesamos. Asimismo, formo parte de esa “plaza pública” que pide “sangre y espectáculo”. Y es que estoy convencido de que el asunto de la Casa Blanca le ha quitado al presidente Peña Nieto toda legitimidad y, por ello mismo, no es conveniente que éste siga al frente del Poder Ejecutivo.
Sí, ya sé que hay quienes piensan que esto es “extremo” y que no solucionaría nada (por cierto, la partida de Enrique Peña sería sólo el comienzo de otros cambios pues, efectivamente, por sí misma no solventaría nada). Por citar un caso, Enrique Krauze ha expresado que el Presidente debe disculparse, pero, no dejar su cargo. El problema con este planteamiento es que, si se diera una disculpa, Enrique Peña Nieto estaría admitiendo que incurrió en algún tipo de falta. Asimismo, exhibiría que intentó esconder la misma y que el gobierno que encabeza le ayudó a cumplir ese objetivo. Por ejemplo, la Secretaría de la Función Pública ya dejó claro que no investigará el asunto de la casa de Angélica Rivera.
Dado lo anterior, si el Presidente se disculpara, daría incluso más elementos a quienes pedimos su salida por lo de la Casa Blanca pues se confirmaría que, efectivamente, actuó de manera inadecuada, sin ética alguna y bajo un claro conflicto de intereses. Asimismo, sembraría —o más bien corroboraría— la duda en torno a los contratos asignados a las empresas del señor Juan Armando Hinojosa, lo cual, desde la perspectiva del gobierno, sólo empeoraría la situación.
Luego entonces, no: el Presidente no se disculpará. Mucho menos se marchará. Pero tampoco recuperará la legitimidad perdida. De esta manera, durante el resto del sexenio, tendremos una Presidencia débil, lo cual no es sano para el país. No estoy abogando por una Presidencia avasalladora, pero, así como un presidente-emperador no es apropiado, tampoco lo es uno acorralado, diezmado. Serán, pues, cuatro años muy difíciles.
Sí: se avecinan tiempos muy duros. Tan es así que hasta uno de los periódicos más emblemáticos del mundo, cuya influencia entre los hombres y mujeres de dinero es innegable, se ha también ubicado entre quienes, a punta de “bravuconadas”, criticamos al actual gobierno. Me refiero, por supuesto, al Wall Street Journal, el cual, hace unos días, publicó una nota haciendo referencia a otra casa, la cual también fue vendida por Armando Hinojosa y fue igualmente comprada por alguien cercano al Presidente de la República: Luis Videgaray, actual secretario de Hacienda.
¿Cómo se atreve el Wall Street Journal a hacer pública esta información, a cuestionar a Videgaray Caso y, de paso, al gobierno de Enrique Peña Nieto? Valdría la pena que don Aurelio Nuño entre en comunicación directa con dicho periódico para recordarle que no es momento de “bravuconadas” y que no se le dará gusto a los “articulistas” y columnistas, es decir, ni se investigará la transacción entre Luis Videgaray y Grupo Higa, ni nadie renunciará como consecuencia de la misma.
Por cierto, si el señor Luis Videgaray piensa que le vamos a creer que compró la casa en cuestión por medio de un crédito con grupo Higa porque no tenía ingresos, estaba desempleado y era una figura política “expuesta”, por lo cual ningún banco le habría otorgado una hipoteca, entonces está claro que el secretario de Hacienda está convencido de que los mexicanos somos idiotas.
De la misma forma, si Videgaray Caso considera que daremos por válido que él no tiene influencia alguna en el gobierno más allá de las áreas que directamente coordina, y que lo mismo ocurrió cuando fue secretario de Finanzas en el Estado de México, entonces ratifico lo anterior: el secretario de Hacienda da por hecho que estamos sumidos en la estulticia.
Pero lo más grave no es lo anterior. Lo verdaderamente alarmante es que el gobierno y la clase política en general le están haciendo mucho daño al país. No bajemos los brazos: sigamos con las manifestaciones (sin violencia), con la desaprobación, con las críticas. Continuemos, pues, de bravucones. Es por México.
Twitter: @aromanzozaya
