##YaSupérenlo

Hace unos días, el presidente Peña Nieto acudió a Guerrero. Ahí, en un evento oficial, haciendo alusión a los terribles y todavía no plenamente aclarados hechos ocurridos en Iguala a finales de septiembre, enfatizó que es hora de que, por medio de un “esfuerzo ...

Hace unos días, el presidente Peña Nieto acudió a Guerrero. Ahí, en un evento oficial, haciendo alusión a los terribles y todavía no plenamente aclarados hechos ocurridos en Iguala a finales de septiembre, enfatizó que es hora de que, por medio de un “esfuerzo colectivo”, podamos “superar este momento de dolor”.

Es obvio que al Presidente le urge que ya no se hable más de Iguala-Ayotzinapa. Por eso su invitación a ya “superar” el dolor. Sin embargo, lo único que consiguió con sus palabras fue incendiar la pradera aún más. De hecho, de manera inmediata, las redes sociales se llenaron de comentarios que, entre burlas, con sarcasmo y con insultos, dejaron ver que Enrique Peña Nieto no goza de credibilidad alguna; la gente simplemente no confía en él y, muchos, no quieren siquiera saber de él.

Lo anterior no debe sorprender a nadie. En primera instancia, la administración Peña se ha quedado muy corta con relación a lo prometido durante la campaña presidencial y lo anunciado a comienzos del sexenio. ¿Dónde está el Estado “eficaz”? ¿Dónde quedó el México “en paz”? ¿Dónde está la economía que, ahora sí, crecería y generaría los empleos que necesitamos? El Presidente y su gobierno no han cumplido. ¿Por qué la ciudadanía habría de creerles, de aceptarles, una sola palabra más?

En segundo lugar, ya son muchos años, demasiados, de aguantar un asfixiante ambiente de inseguridad y de vivir en una economía precaria. De hecho, para usar las propias palabras de Peña Nieto, si hay algo que “superar,” esto no está dado solamente por Iguala-Ayotzinapa sino por las miles de desapariciones registradas en los últimos años, los miles de secuestros, las miles de extorsiones, los miles de asesinatos, la pobreza, la falta de servicios de salud, la mala calidad de los servicios educativos, etcétera. ¿México dejará atrás todo esto nada más porque el Presidente quiere —claro está que también lo necesita— que superemos “este momento de dolor”?

En tercer lugar, el asunto de la Casa Blanca tiene hundido a Enrique Peña en el descrédito. Incluso prestigiosos medios internacionales que, hasta no hace mucho tiempo, veían con muy buenos ojos al actual gobierno federal, han cuestionado severamente a Peña Nieto y a su equipo en relación con este tema. Y es que es inadmisible que un constructor que “ganó” varios contratos en el Estado de México cuando éste era gobernado por el actual Presidente de la República, y que también “ganó” la ahora cancelada concesión para construir el tren México-Querétaro, le “venda” una casa a la señora esposa del titular del Ejecutivo.

Insisto: la Casa Blanca es crucial en todo esto. Muchos de los problemas del país son producto del tráfico de influencias y de la corrupción así como, acompañando y facilitando lo anterior, de la ilegalidad y la impunidad. Y resulta que es justamente a todo esto a lo que dicha casa apesta. Sin embargo, Peña Nieto parece pensar que, o no nos hemos dado cuenta, o estamos dispuestos a padecer la fetidez. Esto sólo puede tener una consecuencia: que cada vez que el Presidente diga algo, nadie le crea nada y, como sucedió con su petición de “superar el dolor”, la ciudadanía se mofe de él y lo ataque.

Lo peor de todo esto es que el Presidente no se va a poder levantar de lo de la Casa Blanca: para conseguirlo, tendría que ordenar una investigación a fondo con relación al tema. Pero si hace esto, se estaría dando un tiro en el pie; es obvio que sí hubo un conflicto de intereses y, muy posiblemente, corrupción. ¿Luego qué haría Peña Nieto? ¿Autoacusarse ante el MP por actos de corrupción? ¿Acusar a su esposa y a la constructora en cuestión? Asimismo, si hubiera una investigación y ésta “resultara” en que no hubo falta alguna de por medio, nadie creería el resultado. Absolutamente nadie.

El presidente Peña está metido en un lodazal. No se ve cómo saldrá. El país padece las consecuencias. Hay quienes dicen que no serviría de nada que deje el puesto. ¿De verdad tienen razón?

                Twitter: @aromanzozaya

Temas: