¿Fue el Estado?

Muchos sostienen que el brutal asesinato masivo ocurrido en Cocula fue un crimen de Estado. Sin embargo, esto está lejos de ser verdad. Y es que, por principio de cuentas, México no es un Estado; el país es un territorio en el que habitan millones de personas y en el ...

Muchos sostienen que el brutal asesinato masivo ocurrido en Cocula fue un crimen de Estado. Sin embargo, esto está lejos de ser verdad. Y es que, por principio de cuentas, México no es un Estado; el país es un territorio en el que habitan millones de personas y en el que, supuestamente, hay un gobierno, pero, como el gobierno no gobierna, las leyes no se aplican y los ciudadanos no se identifican ni con las autoridades ni con ellos mismos, no podemos hablar de un Estado en el sentido pleno.

Lo que ocurrió en Guerrero es producto, de hecho y precisamente, de que en México no se respetan los derechos que, en el papel, el “Estado” mexicano brinda y garantiza. A su vez, esto está asociado a que somos una sociedad cuya cultura de la legalidad es prácticamente nula, que está habituada a no respetar nada, a ignorar las reglas y, por supuesto, a la impunidad.

De esta forma, no, no fue el Estado; ni siquiera hay Estado. Fueron unos salvajes que entienden con total claridad que, justamente, México es todo menos un Estado. Por eso es que actuaron como lo hicieron: lo habían hecho antes y jamás nadie les había dicho nada; se sabían absolutamente impunes. También por eso el señor Abarca, su esposa, el exjefe de la Policía de Iguala, los policías municipales y el exgobernador de Guerrero se comportaron como ya todos sabemos: ellos también entendían que la impunidad es lo normal.

Si la impunidad es la norma, ¿por qué el gobierno está trabajando para imputar responsabilidades? Los asesinos de Cocula y todos sus cómplices cometieron un error fundamental: exhibieron al Presidente y a su administración. Y eso, en México, es imperdonable. Lo es porque, si el gobierno no actúa en casos como el que nos ocupa, sus omisiones se leen de esta manera: efectivamente, la impunidad, la ilegalidad y el desorden son los ejes que rigen la vida del país. Esto es algo que Enrique Peña y su equipo no podían permitir (el costo político es elevadísimo) incluso si, como sostengo, México es un país donde las leyes de muy poco valen.

No estoy minimizando lo ocurrido en Guerrero; es evidente que los acontecimientos son aterradores, tan enmudecedores como ensordecedores. Lo que estoy diciendo es que, si el gobierno está actuando como lo está haciendo, no es porque las autoridades de verdad gobiernen y/o porque estemos en un Estado real, en el que genuinamente se busca hacer valer la ley. Si ese fuera el caso, todos los asesinatos y desapariciones serían investigados a fondo y se intentaría encarcelar a los muchos asesinos, secuestradores, extorsionadores. Sin embargo, lo cierto es que las autoridades no hacen esto; como siempre, aplican la ley sólo selectivamente, es decir, cuando no hay de otra (o cuando se trata de hundir a algún enemigo). Es más, me atrevo a sostener que, si los asesinados no hubieran sido, como lo sugieren los indicios, los estudiantes normalistas, el gobierno posiblemente ni siquiera se habría inmutado (cada año, hay miles de asesinatos que jamás son siquiera investigados, por ejemplo).

Cocula permanecerá en nuestra memoria. Cuando pienso en lo que pasó, no puedo evitar ponerme en los zapatos no sólo de los asesinados (el temor, la angustia) sino también de sus padres (la desesperación, la zozobra, el desgarrador dolor). Pero, más allá de que nuestro recuerdo de los últimos días sea uno lleno de este tipo de sentimientos y sensaciones, es imperativo que también tengamos presente, por siempre, lo siguiente: Iguala, Cocula, Guerrero, México es lo que resulta de la ilegalidad, de la ausencia del Estado y de la impunidad.

Si queremos que este tipo de acontecimientos jamás vuelvan a ocurrir, y deseamos también un país en paz, tenemos que comenzar por entender, y actuar al respecto, que no somos un Estado pleno. Asimismo, es apremiante que tengamos esto claro: si México continúa como un paraíso para todos aquellos que, a diferentes niveles, “triunfan” gracias a que somos cualquier cosa menos un país de leyes, jamás saldremos del abismo.

No, no fue el Estado; fue porque éste ni siquiera es.

                Twitter: @aromanzozaya

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