Entre la izquierda y la derecha

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La semana pasada fue una de amplia agenda internacional. El domingo 4 de octubre se celebró la primera vuelta de las elecciones generales en Brasil, con el triunfo de Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro (47.03 de los votos). Luiz Inácio Lula da Silva, actual presidente del gigante verde, quedó en segundo lugar (45.16%). Como ninguno de los dos contendientes obtuvo una votación mayor a 50% de los sufragios válidos, ambos avanzaron a una segunda vuelta que habrá de realizarse el 25 de octubre próximo. ¿Será que Lula logra sumar los votos suficientes para remontar y prolongar el gobierno de izquierda que encabeza? ¿O será que el polo que representa Bolsonaro retome el poder?

Por otro lado, el 5 de octubre el presidente español, Pedro Sánchez, convocó a elecciones generales anticipadas para el 29 de noviembre de 2026, tras un revés parlamentario en la votación de decretos sobre vivienda. La disolución de las Cortes Generales y la convocatoria electoral abre un espacio para que se presenten nuevas coaliciones propuestas por los partidos y esperar a que de la votación se constituya un nuevo Parlamento. ¿Volverá a ser de izquierda? ¿O será que la derecha retoma el poder después de más de seis años, en que Mariano Rajoy, del Partido Popular, perdió el poder?

La trascendencia que representan ambos países para Iberoamérica, por tamaño e influencia histórica, exige tener un seguimiento puntual a lo que ahí ocurra en las siguientes semanas. El resultado también marcará la forma en que se mueve el péndulo ideológico del hemisferio occidental. Cabe recordar que apenas en abril de 2026 el mandatario español realizó la IV Reunión en Defensa de la Democracia, que acercó a líderes “progresistas”, entre los que estuvieron, junto a Sánchez y Lula, Gabriel Boric, de Chile; Gustavo Petro, de Colombia; Yamandú Orsi, de Uruguay, y Claudia Sheinbaum, de México. ¿Será que cuando terminen las mencionadas elecciones sólo queden Uruguay y México en el eje de “izquierda”?

Mientras esto se resuelve, en el ámbito nacional se presentaron roces entre la mandataria mexicana y el embajador de Estados Unidos por la colocación de una “primera piedra” de la Academia Internacional de Capacitación Policial de Querétaro. La Presidenta criticó que no se invitara a la SRE ni al gabinete de Seguridad federal. Al final, la tensión disminuyó gracias a la reunión con la American Chamber of Commerce para tratar “temas económicos” de la relación bilateral. Este desaguisado tuvo como marco la publicación de la reforma constitucional que exige a las personas que aspiren a la Presidencia de la República, las gubernaturas de los estados y la Jefatura de Gobierno de la CDMX a tener únicamente la nacionalidad mexicana. ¿Por qué tensar la relación con Estados Unidos? ¿Será que la modificación constitucional ayuda a la narrativa “soberanista” y, de paso, roza a personajes incómodos? Es altamente probable.

Día con día, el poder se consolida cada vez más en Claudia. Manda señales hacia la base morenista con la defensa de la soberanía como eje central, pero avanza en múltiples frentes, incluida —aunque no parezca— la relación con Estados Unidos.

Un ejemplo claro fue la definición de las 17 coordinaciones estatales de la Defensa de la Transformación. Aunque se aprecia un “equilibrio de fuerzas”, hay ventajas “estructurales” en los personajes impulsados por ella. El nombre de Cruz Pérez Cuéllar en Chihuahua, que superó a la carta de Adán Augusto o el de Imelda Castro en Sinaloa, por sobre los “impresentables” del grupo de Rocha Moya. Ambos perfiles hoy señalados en la amplia trama de corrupción política que permea en México. Por cierto, ¿y si pronto entregan al sinaloense?

Otro ejemplo es lo ocurrido con el PVEM. Muchos opinan que el verdaderamente “ganón” fue ese partido, al asegurar dos coordinaciones adicionales a la de Gino en QRoo. Con Manuel Cota Cárdenas en Baja California Sur y Jasmine Bugarín Rodríguez en Nayarit, inclinó implícitamente la balanza a favor del “sheinbaunismo”. No es casualidad que, en paralelo, los “verdes” empezaran a “filtrar” que García Harfuch (favorito de Sheinbaum) podría ser su candidato presidencial.

Vendrán muchos altibajos. La gran pregunta es: ¿podrá la izquierda mexicana retener el poder en 2027 y 2030? Por lo pronto, es claro que no como hasta hoy. Los vientos políticos soplarán cada vez mas fuerte hacia el otro extremo.