La peligrosa calentura de Trump

Obsesionado con los muros, Donald Trump, presidente de Estados Unidos, logró al fin levantar el primero: la barrera infranqueable edificada frente al Acuerdo de París contra el Cambio Climático, a pesar del que el país que gobierna es el segundo emisor de CO2 en el mundo.
 

De acuerdo con sus razonamientos de renuncia es más importante la gente que vive en la Unión Americana que el fenómeno ambiental mundial, en el que no cree que haya metido las manos el hombre. Expresó que está dispuesto a negociar otro mecanismo, siempre y cuando, éste sea benéfico para sus trabajadores, contribuyentes y empresas.

También presumió de haber cumplido a sus representados, al anteponer el sostenimiento de los empleos a su permanencia en el Acuerdo de París, pues por la gente de su país es que decidió abandonarlo.

El gesto ha sido señalado duramente, por abandonar la lucha ante uno de los más grandes retos de la humanidad.

Su retirada es crítica, aunque no sorprendió del todo, debido a que en muchas ocasiones anteriores se burló del asunto. La decisión denota una ignorancia y mezquindad, pues los efectos del cambio climático incluyen el aumento en las temperaturas globales, incremento en el nivel del mar, un cambio profundo en los patrones de las precipitaciones y la expansión de los desiertos subtropicales.

La presencia de olas de calor, sequías, lluvias torrenciales y fuertes nevadas, no sólo podrían implicar riesgos a la seguridad alimentaria por la destrucción de cosechas, sino la pérdida de hábitat por inundaciones y la extinción de múltiples especies.

Con esta decisión retrógrada y con la insistencia de minimizar un asunto tan significativo, al negar con su estilo burlón, que el aumento de la temperatura obedezca a la mano del hombre, que sólo “nos hace gastar miles de millones de dólares en desarrollar tecnologías que no necesitamos”, Trump deja un espacio abierto para que China, el principal emisor de gases de efecto invernadero, tome el liderazgo internacional en la materia.

El abandono del Acuerdo de París ocurre a pesar de que alcanzó un nivel histórico, al reunir a 195 naciones que aceptaron hacer un esfuerzo para mantener, durante este siglo, la temperatura muy por debajo de los dos grados centígrados y para limitarla por debajo de 1.5 grados centígrados, como los niveles preindustriales. ¿Pueden estar equivocadas frente a un solo hombre?

Desoyó la insistencia de permanecer en la toma de decisiones, de la Unión Europea, de la Organización de las Naciones Unidas y de gigantes preocupados por combatir el problema, como Chevron, General Electric o Exxon. Se limitó a escuchar la voz de su propia conciencia y la de sus asesores, que piensan como él, que se trata de un engaño de otras grandes potencias para beneficiarse con lo que Estados Unidos pueda aportarles. Con esta decisión, Trump se ha convertido en enemigo de la ciencia.

Mientras tanto, México, señalado entre los 10 países más contaminados del orbe, podría impulsar decididamente las energías renovables y la innovación energética.

Hoy, la principal fuente de inversión pública en investigación y desarrollo e innovación energética se hace a través de fondos sectoriales de Conacyt-Sener. Es una gran oportunidad para modificar las proporciones en las que se asigna el gasto, que se convertiría en inversión. Es decir, destinar 80% o más, de los recursos al fondo de sustentabilidad energética y 20% o menos, al de hidrocarburos. Actualmente, por ley de Ciencia y Tecnología ocurre al revés: 80 por ciento de los recursos se destina a hidrocarburos y 20 a sustentabilidad energética.

Los errores de Trump abren a México la puerta para ser parte de un nuevo liderazgo en el mundo, en esta materia. Es un momento histórico, que debemos aprovechar.

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