Rafael Tovar y de Teresa
Promovió la creación del Centro Nacional de las Artes, que se inauguró a finales de 1994
Aunque la muerte siempre es una sorpresa, la de Rafael Tovar y de Teresa ha sido lamentable y representa una pérdida para la cultura en México.
Si se hace un mínimo análisis sobre la valiosa trayectoria de Tovar y de Teresa, se puede comprobar que —salvo algunas excepciones— no se había intentado promover —como lo hizo— de manera tan abierta y diversa a la cultura y al arte en México. Basta revisar algunas de sus acciones en Conaculta, como la creación del Centro Nacional de las Artes, el Sistema Nacional de Creadores, las publicaciones y revistas como Memoria de papel, la de Arqueología; o la entrega de becas y apoyos a personas, grupos o instituciones; para darse cuenta de que, aunque se pueda criticar su oportunidad o pertinencia, no sería objetivo negar su importancia para el avance cultural y artístico de México.
El primer gran éxito de Tovar y de Teresa, entonces director general de Conaculta, fue la consolidación del Centro Nacional de las Artes, inaugurado en noviembre de 1994 y que, pese a las enormes dificultades, escepticismo y restricciones financieras que ha enfrentado, se ha convertido en una referencia obligada para cualquiera que se interese por la creación artística; porque tiene ya miles de alumnos egresados, y centenares de intercambios académicos con más de 30 países. El Cenart fue el resultado tangible de la importancia que el gobierno mexicano le asignó a la enseñanza y la producción artística, y su construcción constituyó el canto del cisne del Estado en su papel de promotor y constructor de obras públicas.
Otra de las grandes aportaciones de la capacidad y talento de Tovar y de Teresa fue la consolidación del Sistema Nacional de Creadores. Participé en las primeras reuniones y puedo asegurar que dejó en absoluta libertad al jurado que se integró para otorgar las becas del Sistema. Aprovechando esa libertad, muchos jurados han actuado incorrectamente, al promover a amigos o al aceptar a candidatos que no merecen ese reconocimiento; haciendo evidente que algunas de las becas concedidas se han entregado a aspirantes a creador, y no a creadores ya reconocidos. Con el paso del tiempo, y por el trabajo creador que posibilita, el Sistema Nacional de Creadores es un valioso legado, que no debe perderse. Es precisamente por eso por lo que se debe apreciar el talento y la gestión de Tovar, y no por los errores que necesariamente se han cometido, y se cometen, en un Sistema donde interviene la feria de las vanidades, intereses, rivalidades y pugnas de los creadores... y de los que no lo son.
Sin duda, el último y máximo logro de Tovar y de Teresa como promotor de la cultura y las artes fue la creación de la Secretaría de Cultura. Lamentablemente queda pendiente una tarea para la que se preparó y para la que estaba capacitado. Sin embargo, en sus actividades, y en todos los alumnos, funcionarios, maestros y trabajadores, reside la enorme potencia y la esperanza de que la Secretaría sea —por muchos años— un organismo que facilite y fortalezca la cultura artística en nuestro país.
Sorpresivamente, en poco tiempo y sin ningún respeto, han surgido y se han difundido nombres para ocupar ese importante puesto; que debe ser para una persona comprometida, con experiencia y preparada para esa responsabilidad, y no para autoproclamados “promotores” culturales. Por eso es tan importante que se designe a una persona que pueda y sepa consolidar el trabajo de Tovar y de Teresa en esa Secretaría.
