Corredor Chapultepec

La sorpresa es que parece que no se tomó en cuenta el impacto que causaría la obra.

Recientemente Arturo Páramo ha publicado en Excélsior varias notas informando que –como parte de las obras del Cetram– se extenderán los actuales túneles viales de la avenida Chapultepec, desde la calles de Lieja –en la colonia Juárez– y Sonora –en la Roma– hasta las de Burdeos y Guadalajara. Esa obra de 131 metros lineales costará 131 millones, que se invertirán por la empresa que construirá el paradero, a cambio de la autorización para edificar una torre en esa zona. Ésa es una buena noticia. La mala es que la torre podría tener hasta 50 pisos –y ocho de estacionamiento subterráneo–, de acuerdo con el estudio de impacto ambiental. La sorpresa es que parece que no se tomó en cuenta el impacto que causaría la obra en esa zona, en el edificio de la Secretaría de Salud, y en el Bosque de Chapultepec, porque estaría dentro de su superficie.

Aparte de este pequeño “detalle”, que concede el permiso y el terreno para construir la torre; este es un ejemplo más de que en México muchas obras se quedan a “medias” –no por falta de recursos, sino de visión a futuro–. Si sólo se van a prolongar los túneles 131 metros, resulta absurdo no hacerlo con los 820 metros restantes para librar los otros cruces transversales de las calles de Sevilla-Salamanca, Praga-Valladolid, Varsovia-Medellín y Florencia-Monterrey, que están saturadas por el tráfico en la superficie. El costo de esa obra –utilizando el mismo que se anunció– sería de 950 millones y, ante el anuncio de que sólo se construirán 131, parece que las autoridades ya han decidido hacer lo mínimo, con el pretexto de que no tienen recursos; que podrían conseguirse del Fondo Metropolitano y de instituciones financieras.

Aunque se anunció que esa obra es muy necesaria, es absurdo construir sólo 131 metros de los 950 que se requieren para mejorar la circulación –a la que habría que sumar el de los autos de los ocho pisos del estacionamiento del nuevo edificio. La avenida Chapultepec es una vialidad primaria, paralela al Paseo de la Reforma; por eso, cualquier proyecto debe primero solucionar su enorme volumen de tránsito vehicular, que parece que no se tomó en cuenta en este proyecto.

A finales del año pasado el Gobierno de la CDMX anunció que promoverían propuestas para el Corredor Chapultepec, pero esta decisión anula las alternativas que deberían dar las aecretarías de Movilidad y de Desarrollo Urbano. Otra, publicada aquí, propuso un corredor peatonal libre del tráfico de autos sobre la superficie central de la avenida Chapultepec, dejando las actuales calles laterales en ambos sentidos. La extensión de esos túneles subterráneos –paralelos a la Línea 1 del Metro– es una obra prioritaria, que debería construirse completa, y podría realizarse por tramos.

El Cetram Chapultepec concentrará –en un radio de 300 metros– a cerca de 50 mil empleados; por eso el proyecto debe aprovecharse para mejorar toda esa zona y para convertir la superficie central de avenida Chapultepec en un paseo para peatones y bicicletas. Así las autoridades mostrarían su intención de beneficiar primero a la gente, antes que a los automóviles. Todo el tránsito vehicular sobre la avenida sería bajo el paseo peatonal, entre las estaciones Chapultepec e Insurgentes, que tienen más de 500 mil usuarios diarios. Ese corredor sería una aportación valiosa para toda la ciudad y demostraría que se pueden conciliar las acciones de gobierno con el derecho a una ciudad equitativa y sostenible.  

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