Arquitectura mexicana contemporánea
El domingo, en la Alameda, la plaza del Palacio de Bellas Artes está llena; a un costado se instaló un cobertizo con sillas y una pantalla para que la gente pueda ver y oír el concierto que la orquesta ejecuta. En otra carpa se critican los efectos de las reformas del ...
El domingo, en la Alameda, la plaza del Palacio de Bellas Artes está llena; a un costado se instaló un cobertizo con sillas y una pantalla para que la gente pueda ver y oír el concierto que la orquesta ejecuta. En otra carpa se critican los efectos de las reformas del gobierno federal y en el interior del Palacio, el elevador, que hace posible la visita a cada nivel, está fuera de uso. El primer y segundo piso están llenos de gente, turistas y estudiantes que visitan los murales. Esa es una prueba más de que visitan las exposiciones, cuando tienen oportunidad de verlas.
La muestra sobre arquitectura está en el tercer nivel y, aunque sólo se puede subir por las escaleras, está llena de gente. A esa sorpresa se añade otra, porque no es una, sino tres exposiciones: la de arquitectura contemporánea de la Ciudad de México, la presentación de las obras premiadas en la II Bienal de arquitectura de la ciudad, y otra sobre dibujos, fotografías y maquetas del Palacio de Bellas Artes. La exposición de 56 obras de arquitectura contemporánea fue promovida por el Colegio de Arquitectos y apoyada por el Conaculta. Cada una de las obras se presentó en un mismo diseño y formato vertical, sobre un textil donde se colocó la información y fotografías, que puede enrollarse fácilmente. Ese diseño permite colocar y desmontar la exposición con facilidad y hace posible presentarla —como se anuncia— en otras sedes.
Una impresión general es la calidad de las obras presentadas, en su diseño y ejecución es evidente que se tiene un buen nivel de capacidad de los arquitectos, el apoyo de técnicas modernas de construcción, y cuidado en la selección de materiales y acabados. Otro aspecto notable es que la mayoría de las obras están diseñadas por grupos, algunos de siete o más arquitectos. Aunque se anuncia que las obras son de la Ciudad de México, algunas están en la Zona Metropolitana.
La selección de las obras permite ver edificios enormes y otros relativamente pequeños. Gran cantidad de esas obras son de vivienda, ejemplos de restauración de edificios antiguos, o la construcción de nuevas viviendas en lotes originalmente ocupados sólo por una vivienda. Otras obras de vivienda vertical son ejemplo de un diseño que ofrece alternativas de tamaño, y vistas en lotes relativamente pequeños. Si bien hay obras de arquitectos conocidos, la mayoría son de jóvenes, eso resulta alentador, porque elimina la insistencia en presentar arquitectos y obras ya reconocidas. A continuación de esa exposición se colocaron obras de la II Bienal de Arquitectura de la Ciudad de México. Resulta significativo que, aunque tienen diferente formato en su presentación, parece continuar la exposición. El final, ocupado por el material del Palacio, es una muestra de la calidad de su diseño, en el que participaron numerosos artistas plásticos, de los que se incluyen algunas muestras.
El extraordinario vestíbulo del Palacio está lleno de la gente que sale del concierto o entra a ver las exposiciones. La plaza tiene ahora más gente, en las carpas las denuncias se multiplican, las parejas se encuentran, los arriates de las jardineras son improvisadas bancas donde decenas de personas reciben y envían mensajes con sus teléfonos, y las dos magníficas fuentes laterales siguen sin agua.
