Arquitectura: su metamorfosis

Los edificios son producto del trabajo colectivo que coordina el arquitecto.

En el anterior artículo describí la metamorfosis que —como profesión— ha tenido la arquitectura. Esa transformación provocó efectos positivos en la actividad de los arquitectos, pero también negativos. El positivo fue el aumento de su posición social, porque formaron parte de las Academias de Bellas Artes. Los negativos fueron muy graves porque al renunciar —en 1804— a su responsabilidad sobre la estabilidad y funcionamiento de los edificios perdieron gradualmente su participación en los procesos constructivos. Además, iniciaron un enfrentamiento con los ingenieros, que no se resuelve desde entonces, porque ellos aceptaron su responsabilidad sobre el control de las obras.

Los efectos de esa metamorfosis sólo han sido perceptibles con el paso del tiempo. El resultado fue la pérdida de partes fundamentales del proceso que realizaban los arquitectos al diseñar, detallar y construir una obra. En arquitectura los edificios son siempre producto del trabajo colectivo que coordina el arquitecto. Sin embargo, 200 años después de haber renunciado a tener —legalmente— la responsabilidad de la construcción, es evidente que ahora sólo diseñan las obras, que otros construyen.

Cualquier profesión tiene responsabilidades por las cuales se le reconoce y por las que recibe honorarios legítimamente. Sin embargo, si una profesión no tiene una responsabilidad clara se produce una enorme confusión sobre la utilidad social de su trabajo. Es aún peor si los profesionistas se justifican apelando a la belleza, o al simbolismo de su obra, porque esos argumentos tienden a ser subjetivos y están en el campo de la “expresión artística”. En cambio, la estabilidad y utilidad de un edificio están en una realidad concreta y requieren la mayor objetividad y precisión. Además, son condiciones que se tienen que cumplir, y que cualquier persona o grupo exige, antes de que consideren que el edificio es bello o simbólico.

La definición actual de la arquitectura conserva aún esas características integradas: es tanto el arte como la ciencia de diseñar y construir edificios, y la definición revela que tienen el mismo objetivo. Desafortunadamente la metamorfosis de la profesión casi la ha separado de su responsabilidad original. Eso se puede comprobar con la aparición de otros profesionistas que controlan y administran, que calculan la estructura, detallan las instalaciones y sistemas, o que son —además— los responsables legales de construir la obra; y explica también la ambigüedad de la actividad del arquitecto, y el papel protagónico que han asumido los ingenieros en la industria de la construcción.

Los campos profesionales en los que se mantiene una sola definición sobre su trabajo tienden a ser conservadores y letárgicos; porque no permiten dudas sobre lo que aceptan como única verdad. Se requiere vencer esa inercia para que se actualice e integre la actividad de los arquitectos, pues su trabajo es imprescindible tanto en la generación de proyectos, como en la coordinación e integración de las disciplinas que intervienen en su construcción. Son los únicos que —por su experiencia y habilidad— las pueden integrar, en lugar de las actuales “des-integraciones” por especialidades, que hacen ineficiente y atomizado todo ese proceso.

La situación actual es grave, ya que actualmente los arquitectos ocupan un lugar cada vez más reducido tanto en la actividad inmobiliaria, como en la industria de la construcción de las que —paradójicamente— son

parte fundamental.

Temas: