¿Una nueva visión de país?

Merecemos lo que soñamos

Dedico este artículo, principalmente, a mis amigos arquitectos También, a los que no lo son, porque todos podemos ser forjadores de sueños y creadores de realidades.

Imagina en donde estarás y así será.

Película Gladiador.

La arquitectura es una de las profesiones que mayor admiración me generan.

La historia de la arquitectura está ligada irremediablemente a la historia de la humanidad. Es significativo y notable de esta profesión, que sus obras pueden llegar a trascender a los autores y al paso de los años.

El gran sabio chino Lao Tse expresó: “La arquitectura no son cuatro paredes y un tejado, sino el espacio y el espíritu que se genera dentro”.

Plasmar un sueño en realidad, materializar un deseo, comprender una aspiración, asimilar las emociones del cliente... es definitivamente un procedimiento profundo. Emotivo y racional a la vez.

Es un proceso que se basa en la ciencia, tanto como en la intuición, afirmaría el arquitecto danés Jørn Utzon, autor del proyecto de la ópera de Sídney.

El sistema creativo del arquitecto asume y debe sumergirse en la alteridad de su cliente para lograr que el sueño de éste pueda verse materializado algún día.

La prospectiva y la planeación son herramientas metodológicas y promotoras de la creatividad que invitan a la construcción de ese futuro partiendo de la base de que nada está decidido y todo está por crearse.

La empatía del arquitecto es fundamental. También lo es su creatividad y asertividad para lograr expresar y darle forma a lo que el cliente quiere o presume tener en mente.

Steve Jobs, cofundador de Apple, lo expresó maravillosamente cuando dijo: “Muchas veces la gente no sabe lo que quiere hasta que se lo enseñas”.

El diseño y la ingeniería deben trabajar en simbiosis y ninguno es más importante que el otro.

Sin embargo, está claro que, en el proceso de creación e invención del ser humano, la actividad primigenia es...  soñar e imaginar.

Merecemos lo que soñamos. Y solamente aquellos que se atreven a soñar, pueden volver sus sueños realidad. Sin sueños, viviríamos la futilidad de una existencia sin sentido, rodeados por un estéril vacío.

Por esa razón, la primera tarea a la que el arquitecto debe dedicar su tiempo con pasión y dedicación, rodeado de su equipo, es al trazo de las primeras líneas que van a buscar plasmar en papel, la aspiración de su cliente.

Acto seguido, se le presentará un anteproyecto, a través de imágenes o renders, que constituirían el primer esbozo de la interpretación de las ideas y sueños del interesado.

A partir de aquí, el dilema es encontrar el justo medio, entre las propuestas del diseño y la marca que el arquitecto quiera imprimir a su proyecto y la armonización con los particulares gustos de quien será el usuario del inmueble en cuestión.

No es sino hasta que existe un acuerdo de ideas, una consonancia que resuene en el corazón de ambas partes, que el proyecto transita a la siguiente etapa.

El despacho o taller de arquitectura envía a los ingenieros el proyecto arquitectónico consensuado, a fin de desarrollar los proyectos siguientes: el estructural, el hidráulico, el sanitario, el eléctrico, el del gas y varios más.

Se establecen tiempos, costos, materiales, contrataciones, permisos... en fin, todo lo que tenga que ver con la construcción del inmueble.

Son los proyectos técnicos que forman parte del proyecto ejecutivo arquitectónico.

¿Cuál es mi punto en todo esto? ¿En dónde podemos encontrarle sentido a la analogía del desarrollo y construcción de un proyecto arquitectónico, con la visión de construir un proyecto de nación?

La metodología o el procedimiento para construir la idea, la visión o el sueño de un país, de una nación... debería de pasar por una evolución muy similar.

Es un ejercicio intelectual, amplio y dedicado. También brutal.

Soñar el país que se quiere implica, sobre todo, tener la capacidad de escuchar. Y por supuesto tener la claridad de mente y de espíritu de establecer como objetivo supremo, la finalidad del sueño.

Unidos en el objetivo, respetando la diversidad de opiniones debería volverse la perspectiva fundamental para definir y lograr la nueva visión del país.

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