Los tergiversados orígenes de lo maquiavélico
En general, los hombres juzgan más por los ojos que por la inteligencia, pues todos pueden ver, pero pocos comprenden lo que ven. Nicolás Maquiavelo Cito textualmente a Nicolás Maquiavelo. El Príncipe, Capítulo XXI; Cómo debe comportarse un príncipe para ser ...
En general, los hombres juzgan más por los ojos que por la inteligencia, pues todos pueden ver, pero pocos comprenden lo que ven.
Nicolás Maquiavelo
Cito textualmente a Nicolás Maquiavelo. El Príncipe, Capítulo XXI; Cómo debe comportarse un príncipe para ser estimado: “Nada hace tan estimable a un príncipe como las grandes empresas y el ejemplo de raras virtudes. Prueba de ello es Fernando de Aragón, actual rey de España...
“Sus obras han sido grandes y algunas extraordinarias... Con dinero del pueblo y de la Iglesia pudo mantener sus ejércitos... Más tarde, para poder iniciar empresas de mayor envergadura, se entregó, sirviéndose siempre de la Iglesia, a una piadosa persecución y despojó y expulsó de su reino a los marranos. No puede haber ejemplo más admirable y maravilloso”.
Esto lo redactó el célebre escritor florentino alrededor de los años treinta del siglo XVI.
¿Qué sucedería si hoy alguien se atreviese a publicar unas líneas similares?
“Con dinero del pueblo y de la Iglesia pudo mantener sus ejércitos...”. A ese “príncipe” no lo bajarían de radical, tirano clerical y abusador.
“...sirviéndose siempre de la Iglesia, a una piadosa persecución”. Vaya contradicción. Primero utilizó a la Iglesia o, mejor dicho, apoyado por la Inquisición de esa época, lanzó una “piadosa” persecución.
Me puedo imaginar lo “piadosa” que fue.
Por decir lo menos, fueron actos brutales, cometidos alrededor de una barbarie épica, totalmente injusta y terrorífica para defenestrar a los judíos sefarditas que habían sido obligados a convertirse al cristianismo.
La cruel ola de disturbios se extendió por toda España. El desmesurado odio tenía que ver con que eran ricos y tenían gran influencia en la corte del rey, en asuntos del Estado y la Iglesia.
Con el fin de evitar ser perseguidos, muchos judíos se convirtieron de verdad (conversos) y, otros, en apariencia (los llamados marranos-Anusim).
La Inquisición estaba convencida de que solamente la expulsión total de los judíos de España podría poner fin a la influencia judía en la vida civil del país. La pureza de la fe se convirtió en la política nacional del régimen católico.
A finales del siglo XV, los judíos fueron expulsados de la Península Ibérica, con nefastas consecuencias.
Actualmente, tanto el gobierno español como el portugués, han impulsado políticas para abrir la nacional española o portuguesa a descendientes de los judíos expulsados en esos tiempos.
Y como colofón de esa “sensata” cita de El Príncipe, el autor nos recita: “No puede haber ejemplo más admirable y maravilloso”.
“Maravilloso e increíble” es que uno de los pensadores más conocidos del mundo occidental haya aplaudido y alabado abiertamente esa clase de actos atroces y en exceso violentos e inmorales.
¿Qué pensaría el ecumenismo, líderes mundiales y las corrientes pacifistas y humanitarias de estas líneas en tiempos actuales?
Seguramente se horrorizarían, con justa razón.
Sin embargo: “La información sin contexto es un bombardeo a la mente que provoca rechazo. No se puede entender una realidad sin contexto”.
De entrada, el análisis fundamental debe basarse en comprender a quién le está dirigiendo El Príncipe —Lorenzo de Médicis—; de quién aprendió —César Borgia, su experiencia y sus lecturas—; en dónde fue testigo de los hechos —Florencia y de sus viajes como canciller, — y qué circunstancias rodeaban al autor — época convulsa, guerras por doquier—.
Maquiavelo era consciente que todo puede pasar durante el arduo proceso de organizar un Estado.
Lo único imperdonable, para él, era atentar contra la existencia de un Estado bien constituido.
