La soberbia y la necedad, hermanas del desastre

El corazón del inteligente busca ciencia; y en cambio, la boca de los necios se alimenta de necedad. Proverbios 15, 14. Pocas cosas en la vida pueden generar tanto desastre como la necedad y la soberbia. Son hermanas irremediables y se apellidan catástrofe. Su árbol ...

El corazón del inteligente busca ciencia; y en cambio, la boca de los necios se alimenta de necedad.

Proverbios (15, 14).

Pocas cosas en la vida pueden generar tanto desastre como la necedad y la soberbia. Son hermanas irremediables y se apellidan catástrofe. Su árbol genealógico está lleno de caos y desorden. Juntas llegan a producir cataclismos y tragedias. Su herencia no puede aspirar más que a calamidades y desgracias.

El citado libro bíblico de Los Proverbios, asienta, de forma contundente, el peligro que representan los necios y aquellos que se sienten sabios.

Son muy numerosos los versículos que nos ofrecen una contraposición entre la sabiduría y la necedad, entre el sabio y el necio.

Esto no es ninguna casualidad. Y pareciera que muchas de esas referencias bíblicas, se aplican “transparentemente” a muchos de nuestros actuales dirigentes, en países de diversas y heterogéneas idiosincrasias.

Estas dos son iluminativas y esclarecedoras: “Si reprendes al escarnecedor, te odiará; si en cambio reprendes al sabio, te amará” (9, 8).

“Los sabios no hacen ostentación de su ciencia; mas la boca del insensato es causa de ruina próxima” (10, 14).

El refranero popular ofrece, por su parte, toda una serie de paremias, algunas muy significativas, refiriéndose al gran valor de la sabiduría frente al nulo valor de la necedad.

“Más vale un día del discreto que toda la vida del necio”. O “hablar con necios es desperdiciar el tiempo; hablar con sabios es bien emplearlo”.

Es evidente que frente al concepto de sabiduría y de inteligencia está el de necedad, insensatez, simpleza o falta de seso.

El corazón del necio —dice el Eclesiástico (21, 17)— es como un vaso quebrado. No retendrá sabiduría alguna.

Se exhibe de la misma manera, la imprudencia que representa la vanidad. O más profundamente la soberbia.

Me viene a la memoria una frase de mi madre. Ha sido tan significativa que es prácticamente, para mí, un aforismo:

“Mijito, cuídate de la soberbia. No es un pecado. Es el peor de los errores. Porque los pecados se pueden perdonar, pero los errores los pagas toda la vida. Y la soberbia es la madre de los errores”.

Debo de reconocer que cuando me la dijo la primera vez, en mi adolescencia, no la comprendí a fondo. Hoy, tengo la absoluta certeza que es una verdad dura y brutal. Implacable.

El Libro de los Proverbios advierte que se ha de rechazar el engreimiento que puede suponer considerarse a sí mismo sabio: “No te consideres sabio a tus propios ojos”.

Mejor ser humilde y no apoyarse en su propia inteligencia (3, 5).

Más adelante en 26, 12, insiste el hagiógrafo en su crítica al petulante cuando pregunta: “¿Acaso has visto algún sabio que se tenga por tal? Hay más esperanza para el estúpido que para él”.

Además de estas venerables frases, aquél que se sienta envanecido por su mucho saber, habría que recordarle también, algunos otros dichos populares, prudentes y acertados.

“Por mucho que creas saber, muchísimo más es lo que te queda por aprender y conocer”. “Si sabes que no sabes, algo sabes”. O, “Quien más sabe, menos presume”.

Es una prioridad para toda la raza humana, hacer uso de su sentido común y de la sabiduría obtenida a través de los milenios que llevamos habitando este planeta.

Hemos avanzado enormemente en infinidad de temas. Sin embargo, es imperativo voltear y tomar conciencia de lo básico y lo trascendente. Porque hoy tenemos una confusión esquizofrénica de conciencia, valores y virtudes.

No estamos decidiendo razonablemente ni juzgando asertivamente. Debemos retomar la sencillez y buscar la sapiencia. “Simplicidad es belleza”, diría Yves Saint Laurent.

Es preocupante que en temas básicos y ante nuestra insoslayable fragilidad humana, juguemos a los dioses y no seamos un poco más humildes.

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