La otra cara de la moneda, ¿por qué la invasión en Ucrania? (II)*
En la primera parte, el autor comentó todos los antecedentes a la actual invasión a Ucrania, desde la Guerra Fría, la caída de la Unión Soviética, la ampliación de la OTAN hasta el creciente ascenso de Vladimir Putin en el gobierno ruso. En 2003, la invasión de Irak ...
(En la primera parte, el autor comentó todos los antecedentes a la actual invasión a Ucrania, desde la Guerra Fría, la caída de la Unión Soviética, la ampliación de la OTAN hasta el creciente ascenso de Vladimir Putin en el gobierno ruso).
En 2003, la invasión de Irak por las tropas estadunidenses sin el aval de la ONU supuso una nueva violación del derecho internacional, denunciada por París, Berlín y Moscú. Esta oposición conjunta de las tres principales potencias de la Europa continental confirmó los temores de Washington, respecto a los riesgos que un acercamiento ruso-europeo supondría para la hegemonía estadunidense.
En los años posteriores, Estados Unidos anunció su intención de instalar elementos de su escudo antimisiles en Europa del Este, contraviniendo el Acta Fundacional sobre Relaciones Mutuas, Cooperación y Seguridad Rusia-OTAN (firmada en 1997), que garantizaba a Moscú que los occidentales no instalarían nuevas infraestructuras militares permanentes en el Este. Además, Washington ponía en cuestión los acuerdos de desarme nuclear.
Temor legítimo o complejo de guerrero, Moscú percibe las revoluciones que se producen en el espacio posoviético como operaciones destinadas a instalar regímenes pro occidentales a sus puertas. En abril de 2008, Washington ejerció una fuerte presión sobre sus aliados europeos para que ratificaran el deseo de Georgia y Ucrania de incorporarse a la OTAN, a pesar de que la gran mayoría de los ucranios se oponía entonces a esa adhesión.
Al mismo tiempo, Estados Unidos impulsó el reconocimiento de la independencia de Kosovo, constituyendo una nueva violación del derecho internacional, puesto que, en ese momento, jurídicamente continuaba siendo una provincia serbia. Cuando los occidentales abrieron la caja de Pandora del intervencionismo y del cuestionamiento de la intangibilidad de las fronteras en el continente europeo, Rusia respondió interviniendo militarmente en Georgia en 2008 y, más tarde, reconociendo las independencias de Osetia del Sur y Abjasia.
Con ello, el Kremlin señalaba que haría todo lo posible para impedir una nueva ampliación de la OTAN hacia el Este. Pero, al cuestionar la integridad territorial de Georgia, Rusia violaba a su vez el derecho internacional. El resentimiento ruso ha llegado a un punto de no retorno con la crisis ucraniana. A finales de 2013, europeos y estadunidenses dieron su apoyo a las manifestaciones que condujeron al derrocamiento del presidente ucranio Víktor Yanukóvich, cuya elección en 2010 había sido reconocida por ajustarse a los estándares democráticos.
Para Moscú, los occidentales estaban apoyando un golpe de Estado para conseguir, a toda costa, la adhesión de Ucrania al campo occidental. Desde entonces, el Kremlin presenta las injerencias rusas en Ucrania —la anexión de Crimea y el apoyo militar extraoficial a los separatistas del Donbass— como una respuesta legítima al golpe de fuerza pro occidental en Kiev. Las capitales occidentales, por su parte, denuncian este hecho como un desafío sin precedentes al orden internacional surgido tras la Guerra Fría.
La Unión Europea, lejos de impulsar una distensión con Moscú, rechazó la idea misma de una reunión con el presidente ruso. Esta negativa al diálogo contrasta con la actitud de los europeos hacia el otro gran vecino de la UE, Turquía, a pesar de su activismo militar (ocupación de Chipre del Norte y de una parte del territorio sirio, envío de tropas a Irak, Libia y el Cáucaso), el régimen autoritario de Recep Tayyip Erdoğan, que también es aliado de Kiev, no es objeto de ninguna sanción.
En el caso de Rusia, por el contrario, los europeos no tienen otra política más que la de amenazar regularmente con una nueva batería de sanciones, en función de las maniobras del Kremlin. En cuanto a Ucrania, la política de la Unión queda reducida a repetir la doxa (opinión) de la OTAN de la puerta abierta, a pesar de que las principales capitales europeas, encabezadas por París y Berlín, ya hayan manifestado en el pasado su oposición y no tengan intención de integrar a Ucrania en su alianza militar.
La crisis de las relaciones entre Rusia y Occidente demuestra que la seguridad del continente europeo no puede estar garantizada sin Rusia —y aún menos contra ella—.
Por el contrario, Washington se esfuerza en promover esta exclusión, puesto que refuerza la hegemonía estadunidense en Europa. Por su parte, los europeos del oeste, con Francia a la cabeza, han carecido de la visión y el coraje político necesarios para bloquear las iniciativas más provocadoras de Washington. Los crímenes que se cometen, los abusos del poder, las muertes sin razón de hombres mujeres y niños, el uso de las armas a estas alturas del desarrollo de la humanidad son estúpidas, inconcebibles y aberrantes. Sin embargo, siempre es importante escuchar a las partes involucradas. Siempre es importante forjarse un criterio propio... porque siempre hay dos caras de la misma moneda.
*Texto basado en investigaciones en Le Monde Diplomatique.
