El justo medio

Nos convertimos en esclavos de la superficialidady del vacío existencial. De lo que nos dicenlos medios, la moda, el deber ser..

La persona debe buscar la paz
en su interior. Cuando alguien está
interiormente sereno, el yo no puede estar presente. En el fondo del océano no hay olas y éste está tranquilo y calmado.

La palabra del Buda

 

Hemos convertido nuestra existencia en un camino mezquino, monótono y sin sentido. La desperdiciamos persiguiendo objetivos insignificantes. Porque a nuestro “superficial" parecer, no hay otra cosa mejor.

Ese ritmo trepidante, adrenalínico, voluble... también hueco y vacío hace que a la última cosa que le dedicamos un pensamiento, sea a la muerte.

La impermanencia de nuestro ser ha sido guardada en el baúl de los recuerdos. Y nos rodeamos de bienes, objetos, comodidades, en muchos casos banales.

Nos convertimos en esclavos de la superficialidad y del vacío existencial. De lo que nos dicen los medios, la moda, el deber ser...

Pocos nos invitan a la autorreflexión. Y cuando alguien lo hace... es más fácil responder que es mejor ser pragmático. Que no hay tiempo para el misticismo...

¡Qué tema es más pragmático e incuestionable que la misma muerte!

Ese pragmatismo, sobre todo en Occidente, se resume a una visión de corto plazo marcada, principalmente, por el egoísmo y la ignorancia.

Nos focalizamos en un promocionado bienestar material y excluimos, por lo regular, la búsqueda del bienestar espiritual.

Decidimos dejarnos envolver por la gran trampa del lúgubre materialismo. Destructor de vidas y de naciones.

El mundo moderno se encuentra en una gran crisis por la falta de comprensión de nuestra efímera existencia.

Pocos seremos los que vivamos más de 100 años y ante nosotros se extiende la inmensa e indiferente eternidad.

Infinidad de personas piensan que la búsqueda de la Iluminación y de la espiritualidad significa dejar todo e irse a vivir a una cueva como un asceta. O emigrar a las montañas del Himalaya y aprender a vivir de las hierbas y del aire.

O creen que el ser un fiel discípulo de doctrinas religiosas y cumpliendo a cabalidad las reglas ortodoxas, los llevará a comprender la trascendencia de nuestro ser y el significado real de nuestra vida y de nuestra muerte.

Tomar la vida de manera madura y seria empieza por tener conciencia de nuestra transitoria, frágil e impermanente existencia.

En el mundo contemporáneo es incuestionable que debemos trabajar y ganarnos la vida. Las necesidades de alimentación, vivienda, educación, etcétera, no se nos van a aparecer por medio de una meditación.

Pero no por eso debemos encadenarnos a una rutina sin sentido, desgraciada y sin perspectiva de un sentido profundo.

El tema esencial, primordial de nuestra existencia, es encontrar un equilibrio. Un justo medio. El Buda lo explica maravillosamente a través de la Parábola del laúd.

Te quiero preguntar una cosa, Sona, dijo el Buda. ¿Suenan bien las cuerdas de tu laúd cuando las tensas demasiado?

—En absoluto, señor, repuso Sona, en tal caso los tonos son demasiado altos.

—Y si dejas las cuerdas demasiado flojas, ¿suenan bien?

—Tampoco, señor, porque, en tal caso, los tonos son muy bajos.

—Entonces, Sona, te pregunto, cuándo las cuerdas de tu laúd no están demasiado tensas ni demasiado sueltas, ¿suenan bien? Es decir, cuando están en su justa y precisa tensión, ¿los sonidos son adecuados?

—Por supuesto, señor, afirmó sin ninguna duda Sona.

—Pues así, explicó el Buda, un exceso de atención, Sona, extenúa la mente e irrita más los pensamientos; como un defecto de atención conduce a la indolencia y la pereza. O sea, ambas actitudes son equivocadas. Debes aplicarte con atención serena y esfuerzo ecuánime, controlando tus sentidos.

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