El gran adversario (2da parte)
Satán prospera en la necesidad y la decepción

Antonio Peniche García
Desde la penumbra
(En la primera parte, el autor habla que el gran enemigo del ser humano no es Satán o el diablo que nos imaginamos, sino todas aquellas emociones que son antagonistas de lo positivo, como la depresión, la ira, los celos, la preocupación, el miedo, el falso orgullo, el comportamiento egoísta y el ego, por eso señala que lo importante es cómo reaccionamos ante ellas, qué hacemos con esas emociones).
Si el creador creó este principio negativo denominado Satán, no es para que suframos sin razón, sino para fortalecernos en la adversidad. Pero sólo en la medida que dejemos nuestro papel de víctimas, superaremos los desafíos.
Entregarnos al proceso espiritual necesario, a pesar de las dificultades, nos llevará a ganar. Soltarlo todo. Asumir la responsabilidad total de nuestros pensamientos y acciones, nos conducirá por el camino de la luz. Poseer la vehemente y humilde actitud de que nada nos pertenece. Nada... Todo es prestado.
El tiempo es lo más valioso que tenemos. Es la moneda de cambio con el Universo. Entenderlo es el primer paso hacia el camino de luz... que a todos nos espera. Depende de nosotros mismos cuanto tiempo nos tardemos en verlo.
Aunado a esto, la Creación no entiende la negatividad. “No pienses en una montaña” (acabas de pensar en una montaña). Satán quiere que nos hundamos en sentimientos de culpa, desamparo, desesperanza... emociones que la luz ni siquiera reconoce. Pero si corregimos y aceptamos nuestros errores, en ese momento, nos abrimos a que la luz entre, penetre y envuelva la situación.
Con la luz, todo se puede arreglar. Siempre hay una salida. Si empezamos a ver la luz que hay detrás de todo —incluso de las situaciones malas— Satán no tendrá poder.
Ahora bien, el Universo se rige por un sistema. Existen leyes universales que funcionan hasta en el lugar más recóndito. Uno de los principios fundamentales de ese sistema es la Ley de Causa y Efecto. La tercera Ley de Newton establece: “A toda acción le corresponde una reacción igual en magnitud, pero de sentido contrario”.
La ley del karma es una interpretación energética de esa ley, y asegura que cada individuo vive las consecuencias de sus propios actos, ya sean positivos o negativos. La palabra karma significa “acción”, y ésta se refiere a nuestras acciones físicas, verbales y mentales.
La ley de la cosecha. “El que siembra vientos, recoge tempestades”. Jesús expresa en el Evangelio: “Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos”.
Yehuda Berg le llama “medida por medida”. Es sencillamente, una ley espiritual universal y que es tan simple como las leyes que gobiernan el espacio.
Así como la Ley de la Gravedad no distingue personas ni cosas. Ni personalidades, ni situación económica ni estatus, ni poder. Una rama le puede caer encima a un mendigo o a un millonario. De la misma manera, existe una correlación directa; una proporción de uno a uno entre los pensamientos y acciones de cada ser.
Es simple. Se trata de energía espiritual.
En la medida que juzgues a los demás, serás juzgado. En la medida que seas egoísta, cosecharás egoísmo. En la medida que odies, serás odiado. En la medida que ames, serás amado. En la medida que cuides de los demás, los demás cuidarán de ti.
Todo el mundo es puesto a prueba. Todo el mundo está sujeto al principio de “medida por medida”. Obtenemos exactamente lo que damos. Para bien o para mal. Así que, la “guerra más santa” que podemos librar es contra nuestro propio ego. Nuestro gran adversario.
Su trabajo es incitar al egoísmo en todas sus manifestaciones: Egocentrismo, baja autoestima, depresión, enojo, celos, preocupación, miedo... Satán prospera en la necesidad y la decepción. La negatividad, el cinismo y la envidia.
El gran secreto es entender este juego de la existencia. Darle una patada al egoísmo y saludar a la vida. No importa cuán bajo hayamos caído. Tenemos el poder de cambiarlo.
Si comprendemos bien, el papel concluyente y último de Satán va acorde con la búsqueda de iluminación. Nos obliga a confrontarnos para que vislumbremos el camino hacia la luz. Satán quiere que ascendamos como seres. Que por convencimiento propio, tomemos el camino del amor. ¿Podría ser un tipo de hierofanía? Tal vez...
Por cierto... ¿Y Lucifer? Resulta que, incidentalmente, su traducción es: “El que brilla” o “Portador de luz”. La oscuridad no existe, es simplemente, la ausencia de luz. Gabriel García Márquez escribió en uno de sus cuentos: “La luz es como el agua, uno abre el grifo, y sale”.