El factor “D”
A pesar de momentos álgidos, terribles revoluciones, guerras sufridas e innecesarias y egoístas confabulaciones, la humanidad ha evolucionado
El miedo es el camino hacia el Lado Oscuro.
El miedo lleva a la ira; la ira lleva al odio y el odio lleva al sufrimiento.
Yoda, en la saga de Star Wars
Hoy existen interesantes investigaciones. Científicos alemanes y daneses han identificado que la maldad humana tiene un origen común.
Lo han llamado el “factor oscuro de la personalidad” o “factor D” –la “D” es por oscuro, en inglés, Darkness–.
Dejo estos tres enlaces por si alguien quiere profundizar sobre el tema:
blogs.scientificamerican.com/beautiful-minds/the-dark-core-of-personality/
www.researchgate.net/publication /326364629_The_Dark_Core_of_Personality
tendencias21.levante-emv.com/identifican-el-origen-comun-de-la-maldad-humana_a44780.html/amp
Es menester destacar que la investigación se realizó con un universo de 2,500 encuestados y sintetiza que existen nueve manifestaciones comunes de los rasgos oscuros y que subyacen dentro del “núcleo oscuro de la personalidad”.
El egoísmo, el “maquiavelismo”, la desconexión moral, el narcisismo, el derecho psicológico, la psicopatía, el sadismo, el interés propio y el rencor son los nueve rasgos oscuros de la personalidad.
Afirma Zettler, uno de los investigadores: “el conocimiento de este ‘núcleo oscuro’ puede jugar un papel importante para los investigadores o terapeutas que trabajan con personas con rasgos específicos de personalidad oscura.
Ya que es este factor D el que determina diferentes tipos de comportamientos y acciones humanas imprudentes y maliciosas.
Lo vemos, por ejemplo, en casos de violencia extrema, incumplimiento de normas, mentira y engaño en los sectores corporativo o público. Aquí, el conocimiento sobre el factor D de una persona puede ser una herramienta útil, por ejemplo, para evaluar la probabilidad de que la persona vuelva a delinquir o participe en conductas más dañinas”.
Esto suena interesantísimo. Imaginémonos que esta investigación llega verdaderamente al fondo de las cosas. Y se decide aplicar. Para ocupar un puesto importante en la política o en el mundo empresarial o corporativo, las personas tendrían que pasar por un test...
Seguramente muchos... muchísimos de los supuestos líderes que en estos tiempos ocupan puestos importantes, saldrían con un “núcleo oscuro muy bien desarrollado” y sacarían 10+ en su evaluación.
Sería magnífico que la ciencia llegase a desarrollar eso y que, tal vez por tratamiento genético, se pudiera desactivar el “gen de la maldad”, si es que verdaderamente existe.
Sin embargo, creo que el tema de fondo es que tenemos una tendencia a ver las cosas de manera negativa. Ya sea por necesidad psicológica y energética o porque, invariablemente, es más fácil criticar que proponer.
Nos hemos perdido en esa dicotomía existencialista del Ser. Y en muchos aspectos, aún seguimos sin un rumbo adecuado.
Ahora bien, “echémosle un ojo” a la historia y sus irrefutables hechos. A pesar de momentos álgidos, terribles revoluciones, guerras sufridas e innecesarias, estúpidos desencuentros y egoístas confabulaciones, la humanidad ha evolucionado. Sin lugar a dudas.
Tomemos ejemplos como la propia ciencia o la cultura o el transporte o las comunicaciones o la salud o.… un largo etcétera. En los últimos cien años, la humanidad ha evolucionado más que en los últimos dos mil.
Hoy, necesitamos encontrar lucidez mental y sinceridad de corazón, para determinar que la Evolución que se requiere impulsar, es la “Revolución de las conciencias”.
Edgar Morin, el sociólogo francés y una de las mentes más brillantes del siglo XX, cuyos trabajos han marcado época, acerca de la necesidad de ser “más humanos” ha expresado: “Educar para comprender las matemáticas o cualquier disciplina es una cosa. Educar para la comprensión humana es otra; ahí se encuentra justamente la misión espiritual de la educación: enseñar la comprensión entre las personas como condición y garantía de la solidaridad intelectual y moral de la humanidad”.
Sólo una humanidad consciente de su propia “humanidad”, podrá en algún momento reencontrar la paz y la felicidad que ha perdido.
