Reconocer que Oriente y Occidente tienen diferentes enfoques y visiones en la construcción de su desarrollo, implica un importante paso para ubicar y comparar lo bueno y lo que cada uno le puede aportar al otro.
Oriente basa su desarrollo social en la construcción de una ética personal y el despertar de la conciencia individual para, conscientemente, integrarse a la comunidad.
Occidente, por el contrario, exige, como condición objetiva para integrarse a la comunidad, el éxito personal.
Baruch Spinoza vislumbra la necesidad de una síntesis entre ambos pensamientos para lograr la integración del ciudadano en la realización de la política.
Es el primero, en Occidente, que reconoce la libertad absoluta del ciudadano y que vislumbra la creación de un espacio político inmanente, a la vez autosuficiente, ordenado y libre:
“La libertad de conciencia más íntima, la que va a fundar el deseo de ir hacia el otro: mientras más se descubra el hombre a sí mismo, dentro de su soledad, más se le revelará que su conciudadano es su razón de ser; mientras más sufra la soledad, más le parecerá indispensable para la realización de su propia humanidad”.
Hasta ahora esa síntesis no se ha logrado. Las dos caras del dios Jano no se han integrado. Una brecha las separa: prevalecen los intereses y los proyectos personales.
Prevalecen los golpes bajos y las intrigas palaciegas. Prevalece la inmadurez, la obsesión y la mediocridad. Prevalece el egoísmo estúpido de “primero yo, después yo, y luego yo”.
El Oriente busca construir con visión de largo plazo, buscando integrar a las instituciones con el desarrollo humano y con una perspectiva centrada en instaurar un egoísmo inteligente. En síntesis, si quieres que te vaya bien, haz el bien.
Generar consciencia para ayudar, aportar nuestros talentos y servir a los demás, nos hace trascender en nuestra breve existencia. Es ley de vida y se manifiesta universalmente.
Le podemos llamar de diferentes maneras: la Ley de la cosecha; del karma o la Tercera Ley de Newton (a toda acción corresponde una reacción). Otros le llaman el boomerang de tus acciones. Al final, vamos a obtener y a cosechar, lo que hemos sembrado. No hay duda.
Tristemente, y especialmente en el ambiente político, la incapacidad de distinguir entre “grilla” y “política” es esa brecha que, hoy parece, se hace cada vez más ancha y profunda.
Si bien es cierto que la política y la grilla coexisten desde siempre; que la grilla es hija de la política y que ambas conviven juntas, muy juntas. También es cierto que hoy, la mayoría de la acción política es grilla sin visión política. Es una grilla con una visión estúpidamente chata y miope.
Para terminar una cita. Sencilla, ejemplificativa del quehacer humano, no sólo político. Brutalmente clara y luminosa. Va para muchos que pretenden ignorar esa ley y que piensan que, por su “estatura” en la vida, están a salvo de ella.
El texto es de la serie de novelas Los reyes malditos, de Maurice Druon, quien fuera diputado francés, excelente escritor, politólogo y gran historiador:
“Cuando alguien emprende el camino de la mentira, siempre cree que el trayecto será fácil y corto; se superan sin dificultad y con cierto placer los primeros obstáculos. Pero pronto el bosque se espesa, la ruta se difumina y se ramifica en senderos que van a perderse en ciénagas; a cada paso uno se hunde o resbala, se irrita y dilapida sus fuerzas en vanas tentativas, cada una de las cuales viene a constituir una nueva imprudencia”.
