Tampón ¡Boo!

Estamos programados para pensar en la menstruación como algo que dé asco.

Estoy segura de que muchos Cirilos habrán pasado la página con tan sólo leer el título. Y es que casi puedo asegurar que la mejor forma de asustar a un Cirilo no es hablándole de matrimonio e hijos prematuramente sino mostrándole un tampón o una toalla sanitaria.

Muchos de ustedes, lectores, estarán haciendo gestos de ¡guácala! Estamos programados, a veces hasta las mujeres, para que pensemos en la menstruación como algo que genere asco.

Escuchamos la palabra “tampón”, “toalla”, “regla” o “menstruación” y es como si echaran un madrazo. Preferimos esconderla detrás de “Andrés, el que viene cada mes” y frases de ese tipo, ¡vaya tontería!

Cuando estaba cursando los primeros años de secundaria, los accidentes de mis compañeritas recién desarrolladas se dejaron venir. Las consagradas, que pareciera que no fueran mujeres, hacían de cada accidente un caos. Mis compañeritas terminaban desfilando a su casa con la humillación a cuestas.

Eso nos enseñaban: la regla es algo de qué sentirnos avergonzadas. Muchas mujeres aun en su edad adulta esconden la toalla o el tampón como si fuera un sacrilegio tener la regla.

Pero la mejor de todas es ver a un hombre enfrentar un tampón. ¿Quieren ver una cara de terror y desconcierto? ¡Muéstrele un tampón a un hombre! Y no estoy diciendo, ni siquiera, que lo saque del empaque, con mostrar la caja es suficiente.

Hice un experimento para probarme que tengo razón. Pedí a un chico en el supermercado que me ayudara a alcanzar una caja de tampones que se encontraba en un anaquel de arriba.

Parece que le hubiera dicho que me alcanzara la piraña hambrienta que había estado preguntando por su mano segundos antes.

Incluso, en otra ocasión las casualidades se dieron para que me abrieran una maleta en aduana en el aeropuerto. ¿Por qué? No sé, pero había una fiesta de toallas y tampones en mi maleta. El agente la miró como si en vez de tampones y toallas fueran pólvora con un temporizador en sus últimos segundos.

El agente cerró mi maleta tan rápido que yo hubiera podido traer una bomba atómica camuflada y habría pasado sin problema. Pero eso no fue lo peor, una chica detrás de mí estaba más avergonzada que el mismo agente.

Esto puede sonar gracioso pero en realidad es completamente cavernario que las mujeres nos sigamos avergonzando con el puro tema y que los hombres la vean como si fuera el coco mensual.

La regla es la forma en la que la naturaleza nos recuerda cada mes que somos mujeres con ciclos, que somos féminas, que tenemos la capacidad de dar vida dentro de nuestro propio cuerpo, ¿por qué avergonzarnos de algo tan bello y poderoso como nuestra propia sangre?

Nada tiene de asqueroso pasar por el periodo, nada hay de desagradable en los productos que utilizamos para mantenernos aseadas, nada hay de horrible en que un hombre agarre entre sus manos una caja de toallas sanitarias.

Los tampones no jalan las patas por la noche ni las toallas asesinan Cirilos en la oscuridad. Pero comencemos por nosotras mismas, mujeres, dejándonos de esconder, ni sacando la toalla de la cartera como si fuera un arma de fuego o  escondiendo los tampones que compramos en la farmacia en bolsitas de papel.

La próxima vez que tengamos que sacar un tampón, saquémoslo sin pena. Si l@s Ciril@s de alrededor se espantan, pues qué pena por ell@s que aún viviendo el mundo que vivimos, se dejan achicopalar por un triste tampón.

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