Los rumbos de Cirilo

Nuestra mayor fantasía convertida en realidad, sería tener un ojo mágico.

Cuántas veces se han preguntado “¿hacia dónde va esta relación?”, “¿nos espera un futuro juntos?”, “tú y yo, ¿qué venimos siendo?”. ¿Miles? ¡Uff! Se quedaron cortas.

Las mujeres tenemos una desesperada necesidad por adivinar el futuro. Nuestra mayor fantasía convertida en realidad, sería tener un ojo mágico, como esos de las puertas, por donde pudiéramos ver todo lo que nos espera. Lo malo es que no lo tenemos y por eso, intentamos exprimir las respuestas del incauto de Cirilo en turno.

Ahí es, justo, cuando nos quedamos comiendo el polvo que dejó Cirilo en cuanto pegó carrera. Ellos, no se preocupan taaaaaaanto como nosotras por ese futuro en el que ya lo vimos a él en papel de papá y jugamos a conjugar nuestros apellidos a ver si pegan. Ellos, viven el momento de la relación, y, aunque no les estoy diciendo que no piensen en el futuro de los amores que viven, les aconsejo que no se claven en él.

Está demostrado por diversos estudios vivenciales, de diversas Cirilas que conozco –entre ellas la prima de una amiga– que cuando nos ponemos a presionar y a intentar que nos ubiquen un futuro en el tiempo y el espacio, ellos se ponen sus patines más veloces y huyen tal y como huye el correcaminos del coyote. Sólo que ellos no dicen ni “¡beep beep!”.

Los Cirilos y las Cirilas somos tremendamente diferentes y en este intríngulis es cuando peor chocamos. Ellos, por su parte, son perfectamente capaces de mantener una relación por años, leyeron bien: años, sin imaginar un futuro con esa persona. Nosotras, por nuestra parte, podemos estar poco tiempo con alguien jugando al brinco oportuno, pero llega un momento en el que, en automático, le ponemos el factor futuro a tal dinámica.

Hasta con los Cirilos que menos clavadas estamos, nos preguntamos ¿qué tal que éste sí es? Esa inexplicable necesidad por ser la Trinity de todo Neo, o encontrar al Neo de nuestra Matrix. Lo malo, es que cuando ellos sospechan que les andamos dando la pildorita, marcan al número de emergencia y como si nada, desaparecen –si no vieron Matrix, no esperen encontrarle sentido a este último párrafo–.

La pregunta es ¿por qué las Cirilas buscamos marido desde que los Reyes nos trajeron el primer Ken para nuestra Barbie? Y si de verdad no es que anduviéramos buscando marido, ¿por qué eso pareciera?

Justo es esa cósmica necesidad por encontrar al “indicado” que sacamos corriendo a cuanto “no indicado” se pasea por nuestra vida. Lo peor, es que esos “no indicados” son los que nos preparan a la perfección para aquel “indicado” que, mientras aparece, es el “no indicado” de otra.

Así, traigo atravesadas, esta semana, muchas inquietudes que básicamente giran en torno a que no sacamos el suficiente jugo de las relaciones pasajeras, por andar creyendo que son las definitivas. Que nuestro ojo nos falla –aunque no la tripa– cuando queremos creer que, por fin, ese Cirilo despistado con cara de “no indicado” sonríe de medio lado y nos hace mentirnos descaradamente y fantasear con que fuera el “indicado”.

Ellos no piensan si la chica que conocieron es o no la “indicada”, ellos, ni siquiera piensan en una “indicada” hasta que les llega, incluso piensan que no hay “indicada” y cambian de opinión hasta que la tienen en frente. Ellos sufren y lloran por nosotras pero en ningún momento están tan obsesionados con la “indicada”.

Y es que a lo mejor, no solamente te tiene que llegar el Cirilo “indicado”, sino tú misma convertirte en esa mujer indicada después de toparte con cuando “no indicado” está lleno el camino. Así, dejar de confundir los que claramente no son los “indicados” y voltear la vista hacia el sendero lleno de Cirilos a los que nunca miraste antes y que, probablemente, escondan a tu “indicado”.

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