¿Y la ley, apá? Eso véalo con Newton
Puede uno estar en desacuerdo con el texto de esta o aquella ley, pero, en tantoesté vigente, frente a ella no hay más cosa por hacer que respetarla y, en el casodel gobernante y sus funcionarios, hacerla respetar.
Todavía nos quedan algunos días más de spots relacionados con el primer Informe de López. Él, en uno de aquéllos, se esmera en aclarar que su difusión es legal. La mención que López hace de la ley es, ¡vaya mezquindad!, dado lo visto y padecido estos nueve meses, hipocresía pura.
Afirmo esto último porque, si alguna ausencia pesa y caracteriza la gobernación que realiza López y sus funcionarios, es su desprecio cuando no el ninguneo de la ley y su obligación de respetarla y hacerla respetar, por todos, sin distingo alguno.
Al margen de lo que pensemos de la gobernación que López se ha esforzado en llevar a cabo estos nueve meses, es más que evidente que una de las áreas que más ha sufrido por tantos atropellos y las amenazas de seguirlo haciendo ha sido, no otra que la cultura de la legalidad.
No me refiero, con esto último, únicamente a las violaciones flagrantes y a los atropellos ofensivos al Estado de derecho, y tampoco al desprecio y nulo respeto de la ley y al ninguneo mostrado hacia ella por parte de quien protestó guardar y hacer guardar la Constitución y las leyes que de ella emanen, sino a la visión que López tiene del papel que juega en una economía abierta, la vigencia plena del Estado de derecho.
Puede uno estar en desacuerdo con el texto de esta o aquella ley, pero, en tanto esté vigente, frente a ella no hay más cosa por hacer que respetarla y, en el caso del gobernante y sus funcionarios, hacerla respetar. Ante la obsolescencia de un ordenamiento legal o la evidente injusticia de parte de su texto, lo único que procede, no es su violación sino su reforma.
López, acostumbrado a la violación sistemática y permanente de la ley desde hace una buena cantidad de años —por no decir que durante toda su vida política—, lo que ha conseguido es la impunidad más ofensiva para su conducta. Es a tal grado esta última que, no contento con ese premio, condona —ya como Presidente—, miles de millones de pesos a miles se sinvergüenzas que se hicieron eco del llamado a robarse el servicio de energía eléctrica en Tabasco.
Luego entonces, ¿por qué extrañarnos que hoy, ya como Presidente de la República, continúe violando la ley? ¿Por qué debería cambiar, si sus grandes triunfos políticos han estado sustentados en la violación flagrante de la misma? En consecuencia, ¿por qué habría de respetar y hacer respetar las leyes vigentes —tal y como se comprometió a hacerlo cuando rindió la protesta de ley—, quien siempre la ha violado?
En sus spots, en sus intervenciones en la plaza pública frente a sus babeantes seguidores y en las mañaneras, la ausente es la ley y su respeto. Así ha sido y será, en tanto se dedique a la política; ya en lo privado es otra cosa. Ahí, en este ámbito puede —sin duda alguna—, decir y hacer lo que guste.
A la fecha, la causa principal de lo que enfrentamos y enfrentaremos durante todo su gobierno es y será, no otro elemento que la desconfianza y la falta total de certidumbre jurídica que la visión de López de la gobernación genera en los agentes económicos privados. Por más esfuerzos que hagan —él y los suyos— y nos cubran de fotos donde aparecen grupos y personajes diversos rodeándolo con sonrisas hipócritas, la cruda realidad ahí seguirá: López no es un hombre de leyes, menos un político que justiprecie el papel de la confianza en la atracción de inversión.
En consecuencia, ¿cuál es la causa que explicaría esa altísima popularidad que las encuestas registran? ¿Acaso los millones que todavía hoy siguen en su ceguera e idolatría insensata, son retrasados mentales carentes de toda capacidad analítica? O, como no pocos afirman ya, ¿estaremos frente a una masa la cual, desde la sinvergüenzada y la falta de honradez piensa factible vivir sin trabajar de la dádiva gubernamental?
¿Acaso estos millones de mexicanos, que babeantes apoyan al que toma decisiones que los perjudican, son resultado de la manipulación y el adoctrinamiento ideológico puestos en práctica desde el gobierno de Lázaro Cárdenas? De ser así, ¿hay ingenuos que piensan que esa mentalidad desaparecerá como por arte de magia?
Ante esta cruda realidad del México de hoy, ¿qué decir de ese mal llamado tercer Informe de Gobierno? ¿Acaso esperar el bienestar del alma como prioridad del gobierno?
Hoy pues, cuando el jovencito pregunta, ¿y la ley, apá?, la respuesta es cínica y certera: ¡Eso, velo con Newton! ¡Pobre México!
