¿En verdad es tan mala la apertura de las economías? (Parte II)

No hay un solo tratado de libre comercio en el que los signatarios estén en las mismas condiciones; en todos los casos hay desigualdades
 

Sigamos con el tema que dejé inconcluso este miércoles. Veamos ahora el segundo aspecto: siempre y cuando fuera en igualdad de condiciones, no como lo es con referencia a México y EUA.

Para empezar, no hay un solo tratado de libre comercio donde los signatarios estén en las mismas condiciones; en todos los casos, hay desigualdades y asimetrías. Un ejemplo claro de esto es el que firmaron Estados Unidos y Canadá, antes del TLCAN. Entre estos dos países, aun cuando no pocos afirmen que son iguales, la realidad es muy distinta. Son economías complementarias; de ahí la racionalidad que los llevó a firmar su tratado.

Otro elemento que debe ser tomado en cuenta cuando se plantea la famosa desigualdad entre México y Estados Unidos y Canadá, es que el ganador —por decirlo coloquialmente— es el país más atrasado de los firmantes, tanto en tecnología como en sus niveles de productividad. 

Lo más curioso de esas posiciones que reclaman la falta de igualdad, es que allá se nos acusa de habernos aprovechado del gigante. Ahora preguntemos, ¿Quién de los que busca igualdad, ha visitado las plantas que hemos recibido como consecuencia de la llegada de inversiones de Estados Unidos y Canadá? ¿Tienen idea de lo que habríamos tardado para atraer esas inversiones, sin TLCAN? ¿Tiene idea los millones de empleos que se han creado, con motivo de las exportaciones a ambos países?

Veamos ahora el tercer aspecto: ¿tiene necesariamente que ser con EUA?, ¿no hay más quien quiera negociar con México? ¿Han escuchado la frase que dice Geografía es destino? ¿Tienen una idea —así fuere remota— de lo que significa económicamente una frontera de 3,200 kilómetros?

¿Qué atavismos estúpidos nos llevan a afirmar, que sería mejor comerciar con países situados a miles de kilómetros porque, simplemente padecemos de un antinorteamericanismo enfermizo? ¿Qué no entendemos, que el mundo ya dejó hace muchos años el siglo XIX?

Termino con dos apuntes que resumen mejor lo que ha significado la apertura y el tratado con Estados Unidos y Canadá, que todas las cifras de comercio. Uno, el tema de la seguridad jurídica y permanencia de las reglas en materia económica o si lo prefiere, al haber firmado el tratado no podemos cambiarlas a contentillo de uno u otro político.

Esa seguridad y permanencia de las reglas de juego, genera confianza para que los inversionistas tomen riesgos en México. ¿No me cree? ¿Usted invertiría hoy en Venezuela?

El otro, es la visión de las nuevas generaciones, las de la apertura, los nacidos después del año 1987. Por favor, dígales a sus hijos y nietos cuando regresen de un viaje a otro país, cómo era la llegada a México antes de la apertura. ¿Semáforo aduanal? ¿Franquicia de cientos de dólares por persona?

Ésas y otras muchas ventajas son consecuencia de la apertura y la integración con Estados Unidos y Canadá. ¿Imagina qué pensarían los mexicanos menores de 40 años, si les dijéremos que, dado que odiamos a los norteamericanos, cerraremos la economía y comerciaremos sólo con Venezuela, Nicaragua y Cuba?

¿Qué le dirían? ¿Piensa que aceptarían de buen grado regresar a ese México que hemos inventado, el de hace 40 o 50 años, cuando esto era el paraíso? ¿Por qué no reconocer que es el miedo a cambiar, y porque odiamos y envidiamos a los norteamericanos no queremos el tratado?

Pensemos en el futuro y empecemos a construirlo porque, eso es lo mejor de la apertura: Tenemos que construir el futuro, el nuestro.

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