El otro elemento del análisis económico, ¿sería el determinante?
Hoy, un país con una economía cerrada, y nulo respeto a la legalidad y vigencia del Estado de derecho, muy difícilmente puede aspirar a atraer la inversión extranjera (...).
El miércoles, aquí, comenté con usted de los requisitos que debería cumplir todo ejercicio serio de análisis económico; particularmente, el relacionado con las variables seleccionadas para extraer conclusiones.
En dicha colaboración, puse el énfasis en el error —o perversa intención— de tomar una sola variable y un solo dato de la misma para, sólo con éste, concluir lo que fuere de ésta o aquella economía. Hoy, comento con usted el otro elemento, que a veces, supera en importancia, aun cuando pudiere parecer una contradicción, al elemento económico.
Me refiero, sin duda usted ya acertó, a todo lo que tiene que ver con aspectos que van, desde el respeto que nos merece la cultura de la legalidad, pasando por la visión que el gobernante y sus funcionarios —así como los legisladores, no se diga ya el Poder Judicial— tienen, del papel que juega la vigencia plena del Estado de derecho en toda economía, hasta llegar al cumplimiento de la obligación irrenunciable del Estado y sus instituciones, a hacer que la ley sea respetada por todos, sin distingo alguno.
Por si faltare algo, agregaría a lo anterior, la imperiosa necesidad de contar con un andamiaje jurídico actualizado; moderno y sencillo, construido por el Parlamento o el Congreso, con una clara y sólida visión de futuro, y del papel de la inversión privada.
Ahora bien, ¿qué tiene que ver todo eso, preguntaría usted, con el desarrollo y crecimiento económico? ¿Qué con la creación de fuentes de empleo permanente, atracción de inversión y la toma de riesgos por los inversionistas, locales y externos? Sobre todo, ¿qué tiene que ver eso con la generación de la confianza necesaria pero no suficiente, para que en éste o aquel país se genere el ambiente de negocios adecuado, que hace factible casi todo lo anterior?
La respuesta, sorprende por su simplicidad y claridad: ¡Mucho! Sí, ¡mucho! Es más, me atrevo a afirmar que sin esos elementos, cualquier indicador que usted tomare —como la inflación, por ejemplo, que hoy seduce a unos cuantos de manera tan equivocada, que los lleva a afirmar que es la panacea, el Mentholatum milagroso—, de nada serviría para generar la confianza que los inversionistas demandan para tomar riesgos, en éste o aquel país.
Frente a este elemento y su importancia, definitiva en no pocos casos, pregunto, ¿el análisis económico, siempre ha sido así? No, la inclusión de los aspectos que he descrito, es algo relativamente reciente. Su inclusión es resultado, esencialmente, de la popularización y puesta en práctica en decenas de países —desde hace por lo menos cuatro decenios—, del modelo de desarrollo basado en la economía de mercado, en la apertura de las economías y su integración a la globalidad.
Hoy, un país con una economía cerrada, y nulo respeto a la legalidad y vigencia del Estado de derecho, muy difícilmente puede aspirar a atraer la inversión extranjera que demanda su crecimiento y desarrollo económico y también, obtener la tecnología moderna que le permitiría un aprovechamiento óptimo de los recursos de todo tipo con los que cuenta.
Frente a estos requisitos, ¿cómo encuentra usted a México? ¿Los satisfacemos a cabalidad? Tome el que guste, y juzgue a la luz de la realidad cotidiana. Sin embargo, ante este nuevo análisis económico, no faltan los que quieren, con un solo dato de la inflación, por ejemplo, concluir que vamos a toda eme.
¿Qué buscan en realidad? ¿Hacer análisis económico, o confundir? Diga usted.
