¿Dónde está la felicidad?
El secreto del futuro bienaventurado yace en la calidad de sus ligas sociales.
Comienza otro año, seguramente tendrá propósitos para realizar a medida que transcurre la docena de meses nuevecitos. Además, 2016 viene con un aumento de tiempo, nos regalará 24 horas extras. Habrá metas nuevas, pero la mayoría serán las típicas. Ir al gimnasio a quemar las gorduras y conseguir mayores ingresos son las más comunes. Todo eso que pidió al paso de las uvas y que le desearon al despedirse en las incontables reuniones familiares, como felicidad, amor y salud, queda eclipsado por la frivolidad y el vacío de lo cotidiano. Doy por hecho que usted desea ser feliz y estar sano, entonces si hoy pudiese invertir en algo que le asegurara lo anterior, ¿en qué lo haría? Una encuesta realizada en EU a personas de la Generación del Milenio (1980-2000) reveló que 80% de ellos se centrarían en la riqueza y 50% en la fama. Un elemento adicional que se menciona frecuentemente es trabajar más duro cada día. Nada parecido a los buenos deseos decembrinos. Esta combinación de valores impuestos, provenientes del capitalismo y de ese célebre ideal clásico griego igual de hueco, ¿en realidad nos encamina hacia una vida gozosa?
Para contestar lo anterior se debería recurrir a la gente mayor, los sabios ancianos míticos, día a día desvanecidos de la sociedad, y así saber cuáles acciones de sus biografías les dieron mayores satisfacciones. Los problemas de este acercamiento surgen del olvido y del mito. ¡Cuántas cosas sin querer y queriendo deformamos al paso de los años! ¿Cómo recordar todo? ¿Es posible registrar cada decisión hecha? No bastaría ser Funes, puesto que también tendríamos que saber cómo nos afectaron en la salud y el porvenir. Decididos a encarar dicho apuro, hace 75 años, un grupo de investigadores de Harvard diseñó un estudio ambicioso (Harvard Study of Adult Development), el cual continúa hasta el día de hoy. Se han seguido las vidas de 724 hombres desde que eran adolescentes. Los elegidos provinieron de dos fuentes contrastantes. Un grupo estaba compuesto por estudiantes universitarios de Harvard. El otro se formó con chicos de barrios paupérrimos y relegados de Boston. Año con año ellos han contestado exámenes sobre su trabajo y su familia, se les ha registrado su salud con análisis de sangre, del cerebro y demás indicadores médicos. Actualmente sobreviven sesenta, todos ellos mayores de noventa años. La cantidad de datos recopilada por la investigación es enorme; sin embargo, existen algunas conclusiones precisas.
Lo que determinará si un adulto de cincuenta se convertirá en un viejo de ochenta saludable no serán sus niveles de colesterol, ni su condición física, menos la cantidad de grasa, tampoco si fuma. El secreto del futuro bienaventurado yace en la calidad de sus ligas sociales. La soledad mata. La saudade mina la salud, deteriora el cerebro, come minutos. Matrimonios insoportables y relaciones desgastadoras nos dañan, succionan el alma. Normal es pelear y enojarse de vez en cuando, lo que realmente importa para alcanzar una existencia plena, sana, feliz y larga es tener la certeza de siempre contar con alguien, de poseer conexiones genuinas, llamadas amistad y amor.
