Nacían los 1500, centuria transformadora del mundo como ninguna otra, varias cosmovisiones chocaban y se fundían en una diferente, “para nacer había que romper un mundo”. Provenientes del Nuevo Mundo, llegaban constantemente a España, entre infinidad de cosas, plantas exóticas. Médicos y botánicos consagraban sus vidas al análisis de las sustancias particulares de cada una, con el afán de descubrir curas para vencer enfermedades varias. Resulta misterioso encontrar en el reino Plantae remedios para casi todos los males humanos: reumas, estreñimiento, cólicos, ictericia... ¿a qué causa responde ese fenómeno? Evocador es el título de un libro que poseo sobre el tema: La pharmacie du bon dieu. Dejemos las elucubraciones sobre la resolución de tan magna duda y regresemos al sorprendente siglo XVI.
Entre las plantas que cruzaron el Atlántico llegó una familia de hierbas y arbustos proveniente de las regiones subtropicales y tropicales de América. En Valencia, Pedro Jaime Esteve, alrededor de 1550, fue el primero en investigar sus propiedades. Como reconocimiento a dicha labor, otro botánico español, Antonio José Cavanilles y Palop, le dedicó el nombre de todo el grupo de estos vegetales en 1797. Siguiendo los cánones de la nomenclatura biológica, el apellido del valenciano fue latinizado convirtiéndose en Stevia —nombre moderno del género.
Actualmente se han descrito casi 500 especies de estevias, aunque hasta ahora solamente se han aceptado como válidas menos de 200 —hay que asegurarse que sean en realidad especies diferentes y no meras variedades. Entre ellas existe una que llevan utilizando los guaraníes desde hace siglos. La llaman caá jeé, hierba dulce. Es un arbusto de no más de un metro de altura, sus hojas son verdes, claras, muy intensas, sus flores pequeñas, tubuliformes y blancas. Entre los usos que ellos le dan se encuentra el de endulzar el mate y como contraceptivo. Propiedades estudiadas en ella son la de antioxidante, laxante suave, antitusivo, nivelador del ácido úrico, rejuvenecedor de la piel, hasta como antidepresivo. En 1887, el suizo Moisés Santiago Bertoni describió cierta especie cuya dulzura era envidiable. Posteriormente, en 1900, el químico paraguayo Ovidio Rebaudi aisló dos principios activos de la planta, a los que seguidamente se les denominó esteviósidos y rebaudósidos. Dicha especie quedó bautizada como Stevia rebaudiana (Bertoni) Bertoni.
Las propiedades edulcorantes de la estevia son impresionantes. Sus glúcidos son 300 veces más dulces que el azúcar común. No elevan la concentración de glucosa en la sangre, situación perfecta para que los diabéticos la consuman sin preocupación. Debido a su naturaleza, tampoco tiene calorías, ideal para las personas necesitadas de disminuir su ingesta calorífica. Seguramente, mi informado lector, ya habrá empezado a oír sobre esta maravilla. Sin embargo, hubo cierta desconfianza para liberarla al mercado. En Estados Unidos se legalizó su uso en 2008. Europa la prohibió hasta 2011.
Recuerde siempre que el secreto de una buena salud yace en saber comer, no en atiborrarse únicamente de ciertos productos ricos “que no engordan”, incluso cuando sean admirables como la estevia. En exceso, hasta el agua es mortal.
SOS
Rodrigo Salinas, lector de esta columna, me informa que en un departamento del Centro, en la calle López número 73, hay un San Bernardo encerrado y abandonado desde hace tres semanas. El pobre animal sobrevive, porque vecinos piadosos le arrojan comida cuando se asoma por la ventana. Hacemos un llamado urgente a las autoridades correspondientes para que liberen y pongan a buen recaudo a la perra Brisia. https://www.razon.com.mx/spip.php?article232255.
